A poco que Sanz siga adelante con la astracanada que viene representando desde hace una semana en los más diversos escenarios ??con un éxito de crítica y público sin precedentes??, va a terminar convenciéndonos de que su talento para el género chusco es una cosa por demás. O nos convence de eso, o terminaremos por pensar que está frenético, si no rabioso. Fue precisamente Sanz quien saco la rabia a pasear cuando, en los preparativos de la que se suponía suprema demostración de navarrismo ??demostración sobre cuyo coste económico sólo hemos tenido noción aproximada, no noticias oficiales??, declaró a la prensa que quería una manifestación ??rabiosamente democrática?. Lo de ??rabiosamente? no lo oíamos desde que los cañís, allá por los años del astracán, se declaraban ??rabiosamente españoles?. A lo peor, Sanz tuvo un primer golpe de rabia no contenida al comprobar que, por una falta de previsión en el tamaño de las banderas ??cosa que pudo haberse subsanado con unos pocos millones más a cuenta del contribuyente??, los colores cañís se enseñorearon de la manifestación y la cosa derivó, como era previsible, por donde discurren regularmente las romerías de la no resignada oposición patria. Un golpe de rabia explicaría la pata de banco ??rabiosamente antidemocrática? con que el alterado presidente de los navarros nos salió al día siguiente: la propuesta de repartir ya mismo los cargos que se juegan en las elecciones, sin esperar a que resuelva ese prescindible trámite. Tamaño disparate fue ampliamente celebrado, pero iba a quedarse en un simple aperitivo de sus confidencias sobre la posibilidad de una intervención providencial de la Corona ??no se sabe valiéndose de qué brazo del Estado??, en caso de fuerza mayor. La celebración de tan inauditas confidencias todavía no ha parado y el talento de Sanz para la astracanada anda de nuevo en lenguas. O en verdad tiene ese talento o está algo frenético ante el ineludible trámite que se avecina: el lanzamiento de rabiosa electoral.

Publicado en Diario de Noticiasdn