Pamplona este sábado, ¿segunda parte de Madrid el sábado pasado? Algo de eso habrá: seguramente, un idéntico flamear de banderas al viento, con distintas enseñas pero con similar profusión; ciertas caras recurrentes –ya anunciadas– en las primeras filas, en diferente posición protocolaria, pero igual ademán; a no dudarlo, los mismos eslóganes aquí que allá. Pero lo del sábado pasado en Madrid fue cosa de salvar la patria y lo de este sábado en Pamplona es asunto de perpetuar la fratría. Allí se fue a salvar la patria, cuyos designios dejó la chusma insensata en manos de un irresponsable al que, por decreto inapelable de los patriotas en marcha, no le resta un ápice de legitimidad. Aquí se tratará de salvar los muebles del fraterno magma electoral al que el arzobispo Sebastián ha llamado «la Navarra de siempre», cosa eterna, cuyas místicas esencias encarnan dos hombres y un destino: Sanz y Alli y Alli y Sanz, convocantes de la nueva marcha al toque de a rebato. Como en las viejas tribus, el destino común une a la fratría aun en la diferencia y sobre todo en la hipótesis de una adversidad electoral. Qué unanimidad expresiva hay hoy en esta disímil pareja formada por un Demóstenes y el de la espada de Demóstenes, el emperador del polígrafo que, no muy seguro de su elocuencia, fía la veracidad de lo que dice al dictamen de tan científico cacharro. Como entre las viejas tribus, la fratría se reserva privilegios, tal que el de disponer de dineros públicos para organizar sus toques de a rebato patrióticos –con el profuso reparto de banderas que eso conlleva–. Siendo las esencias de la patria las que están en peligro, cómo no. Que el ruido y la furia del toque de a rebato calle los ecos crecientes de la crasa inoperancia con que se desmantela la sanidad pública. Callen trompetas y timbales la grasa manera de conducir los asuntos administrativos e hínchense los corazones en la hora salir a defender la patria. O por lo menos los muebles electorales de la fratría.

Publicado en Diario de Noticiasdn