Vino Bono. En vaqueros. Lo que no llevaba era un polo Lacoste. Y sin embargo, si hemos de hacer caso a la leyenda ??la de Lacoste??, Bono y otros profesionales de la política son nuestros viejos cocodrilos. De René Lacoste, el tenista, dice la leyenda que se pegaba a la línea de fondo de la pista ??con la misma tenacidad que un cocodrilo prende algo con sus mandíbulas?? y de ahí no lo sacaba nadie hasta rendir al adversario, fuese por extenuación o por aburrimiento. Bono, Rodríguez Ibarra y Sanz, aspirante este último a viejo cocodrilo. Con la puntualidad que de ellos se espera, especialmente en fechas en que hay que caldear el ambiente electoral, los viejos cocodrilos salen a la arena, enseñan los dientes, dan alguna dentellada al aire y ya está organizada la animación. Miguel Sanz, si su aspiración es, como parece, la de ejercer de viejo cocodrilo de la política ??de esos políticos sin fecha de caducidad y piel impenetrable, entre los que Fraga sobresale con luz propia, y no sólo por su longevidad??, hizo lo que debía al lanzarles una faltada en toda regla a los andaluces. Que algún otro viejo cocodrilo respondería con una dentellada a Sanz, entraba dentro de lo previsible. Y eso es lo que hay este viernes 23 de febrero. Algo que, de tan visto y tan sabido, resulta difícil de sobrellevar. Por lo demás, este viernes 23 de febrero hay una cena-coloquio con la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, organizada por viejos alumnos del Opus. ??Pamplona, tercer milenio?, es el título del coloquio. Pero un coloquio así, más bien hace pensar en el milenio anterior: concretamente, en la época de mayor esplendor del polo Lacoste. Hace pensar en esa época que vino a coincidir con el ascenso de los tecnócratas del Opus dentro del régimen ??el antiguo, el militar, por supuesto, como se dijo el 23F??. La tecnocrática Barcina reverdece hoy los laureles de aquellos ilustres e infatigables predecesores de la Obra que inevitablemente nos remiten al Lacoste y al cocodrilo, esa fiera antediluviana.
