Veníamos de los fuegos artificiales del sufrido comisario Arbeloa –el de la exposición de los quinientos millones a mayor gloria del navarrismo– e íbamos hacia otro festival preelectoral del regionalismo castizo: el I Congreso de Estudios Barojianos. Casualidades del directo que en el catálogo de la exposición de Arbeloa el arzobispo escribiese sobre las perspectivas de los católicos frente al laicismo que nos acosa y que, en las jornadas dirigidas por Tamames, un teólogo del Opus Dei vaya a «situar las creencias de Baroja en el contexto de la laicizante sociedad actual». Pero dejemos a Cristo y hablemos de Christo, ese artista que empaqueta lo que le echen. Si no se tuerce el programa –como en Extramadura–, el insigne barojiano Miguel Sanz Sesma disertará en la apertura del congreso no sólo sobre Baroja, sino sobre los Baroja, incluido Julio Caro como antropólogo más destacado de la España del siglo XX. Ocurre que el conferenciante es el responsable mayor de que, por el capricho de uno de sus consejeros de hacer un parador en su pueblo, el Museo Etnológico de Navarra Julio Caro Baroja fuese desmantelado, empaquetado y enviado a un hangar. No se le ha ocurrido al improvisado barojiano paliar los gastos de alquiler del hangar –¿un millón al mes?– exponiendo el oprobio de los bultos allí guardados. Tampoco se le ha ocurrido en las últimas legislaturas abrir a los curiosos y estudiosos uno de los museos que más sentido tendría y que además ya existe: el de Itzea. Se le ha ocurrido acordarse de Baroja, a tiro pasado y mira en qué fechas, para organizar otro festival de millones –¿más de veinte en charlas?– en el que confraternizar con don Mario Vargas Llosa –nombrado Bodeguero Mayor en su anterior y alegre visita al Reyno– y más de tres atorrantes, temo que el teólogo entre ellos, cuya devoción por Baroja nos pilla de susto. El congreso incluye, cómo no, una degustación de vinos de la misma casta que el galgo regionalista. La casta –ya se sabe– que Baroja tanto quiso.

Publicado en Diario de Noticiasdn