Para burra grande, la recién anunciada ciudad de Guenduláin. Ande o no ande, ese fantasmagórico proyecto de megaciudad pasará a la leyenda, si no por sus soluciones urbanísticas, sí por el oportunismo electoralista del anuncio de su creación. Oportunismo de ida y vuelta que busca crear iguales expectativas en quienes desesperan por hacerse con una vivienda como en quienes tienen por sustancioso negocio edificarlas. Nunca se había visto tamaño conejo electoral salir de un chistera gubernamental. Por si no fuera suficiente con inventarse para unas elecciones que están a la vuelta de la esquina nada menos que la segunda ciudad del territorio ??¿población, cincuenta mil almas???, el anuncio de la edificación de la nueva megaciudad viene acompañado de la ineludible necesidad de emprender más portentosas obras de infraestructura, con nombres a la altura de la megalomanía del proyecto, como la Ronda Superoeste. Cuánta alegría y toda junta para el infatigable gremio de la construcción, que con megalómanos como los que ocupan las administraciones públicas no ve la manera de encontrar un poco de reposo. Si dicho gremio no sabe agradecer a nuestro hombre en el Oeste ??concretamente hoy en San Francisco, California?? tan audaz e inesperada iniciativa, no es que no tenga corazón sino que no tiene cabeza. Por su parte, nuestro hombre, en viaje de negocios, placer o aventuras por el Oeste, ya nos explicará a la vuelta si lo que se contemplaba como una reserva de suelo va a convertirse en una reserva o gueto de otro género. Ya nos dirá cuál es su idea de la articulación del territorio, particularmente del urbano, o si eso es terreno que cede por completo a la dinámica que quiera imponer la voracidad del mercado. Su idea de la política no necesita ser precisada. Queda puesta en evidencia no ya por sus viajes al Oeste, sino por golpes de teatro tan grandilocuentemente demagógicos como el del anuncio de las megaciudades y superinfraestructuras que vienen ??legendarias anden o no anden??.
