Alguno de los Sanz miente. Alguno de los Sanz miente y no es Alejandro. O si Alejandro Sanz miente, allá películas: el cantante no preside ningún gobierno autonómico. Por su parte, parece más que comprobado que Miguel Sanz entonó el pasado sábado sentidas jotas de su repertorio en la localidad pacense de Villafranca de los Barros, luego de degustar una típica caldereta del lugar. Por lo visto, en el curso de tan agradable velada popular –vamos, del PP–, fue elevada formalmente a candidata municipal una buena amiga del presidente navarro. Así pues, Miguel Sanz mintió, puesto que había excusado ese mismo sábado su presencia en la concentración contra ETA celebrada en Pamplona, so pretexto de dar una inaplazable charla sobre energías renovables. Sanz mintió, a no ser que diera su conferencia de la manera que solía darlas Raimundo Lanas. Sanz mintió, cosa que en otras latitudes suele costarle el cargo a los políticos y que aquí no ha tenido más consecuencia que la censura verbal de hasta sus socios de Gobierno. Alguno de los Sanz puede estar mintiendo, igualmente, cuando afirma que él no fue el que hizo algo tan feo como grabar en su móvil la conversación privada que todos los presidentes autonómicos tuvieron hace poco con el presidente del Gobierno central. En su descargo, Miguel Sanz acaba de declarar que él prácticamente ni sabe usar el móvil, y le creemos. Por lo que le toca, el otro Sanz, el presidente riojano, aparte de despacharse sobre el asunto de manera bronca y con expresiones malsonantes, afirma que «allí todo el mundo manejaba el móvil». ¿Cómo que todo el mundo? ¿Incluso quien ni siquiera sabe manejarlo? De nuevo alguno de los Sanz miente y Alejandro está del todo excluido. Yo excluiría también a Miguel Sanz, si no fuera porque acaba de mentir en otro asunto y porque un repentino interés por las miniaturas tecnológicas le llevó hace no tanto a tierras lejanas: las de Massachusetts, donde hay que ver cómo se las gastan con los que mienten.
