Lo que ya supondría aquel gran visionario –y mayor vidente– que fue Guy Debord cuando profetizó la próxima, inminente venida de Ferrán Adrià –“un cocinero filosofará sobre los momentos de cocción como jalones de la historia universal”–, es que el pepé, el fragante partido de Madame de Cospedal –fragante no por aromático ni por resplandeciente, sino por ser el de Fraga–, no tendría el menor pudor en presentarse un día como el partido de los trabajadores de España, el peté. Al cabo, tras profetizar que Adrià vendría –y con un pan deconstruido bajo el brazo–, Debord advirtió que un rasgo típico de la sociedad actual iba a ser la falsedad sin tregua. Que se lo pregunten, si no a Madame de Cospedal –nuestra maoísta de ocasión–, a nuestro presidente de turno: ese Miguel Sanz que, por un lado, ve muy floja, muy blanda, muy tibia, muy light la reforma laboral en marcha –y nos conmina a apretarnos bien el cinturón, o a que nos aprestemos a más rápidos y fulminantes despidos–, mientras por otro su aparato de propaganda sigue con los gastos y fastos de inauguración del circuito de Los Arcos, ese inmediato –aunque no barato– éxito gubernamental de dudosa viabilidad futura. Que se lo pregunten a la cada día más fragante –por más proclive a los de Fraga– Yolanda Barcina, que aunque ve la situación, al igual que Cospedal, como para echarse al asalto del Palacio de Invierno, no va precisamente a aumentar las partidas presupuestarias de protección social, sino a promover y propagar, con las baterías de millones que sean precisas, empeños tan obcecadamente personales y tan dudosos como la obtención de la capitalidad cultural o la edificación del sanferminero museo, cueste lo que cueste. Hablando de Debord y de la actualidad, cómo no acordarse del collage que el también situacionista Jacques Lebel pintara hacia 1960, aquel en el que se leía: Parfum Grève Générale, bonne odeur (Perfume Huelga General, buen olor). Hoy huele, sí, a huelga y también, muy intensamente, a chamusquina.
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Publicado en Diario de Noticias
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