El vídeo de la semana –ése en el que, entre otros, ha triunfado Miguel Sanz–, como idea, no es que me parezca mal. Me parece que estaría mejor ver todas las semanas un vídeo de la semana. Echo de menos en la prensa la página del decíamos ayer. No la página de lo ocurrido hace veinticinco, cincuenta o cien años, sino un juego doble de páginas, encabezadas respectivamente por un «Decíamos ayer» y un «Decimos hoy». Es más, visto el panorama de la actualidad, sería de agradecer que la prensa tuviesen mensualmente la deferencia de enviar a los quioscos como periódico del día el ejemplar ya publicado hace cuatro, seis u ocho años. Lejos quedan los tiempos en que era rigurosamente cierto decir aquello de que «nada hay más viejo que el periódico de ayer». Lo cierto hoy, como acaba de poner de manifiesto el vídeo de la semana, es que más refrescantes que las noticias frescas del día, son los titulares del ayer capaces de reavivarnos la memoria. Convertida la actualidad en un campo de bombardeo donde los agentes políticos machacan la consigna del día –arre o so, según la estrategia electoral y la táctica aconsejada por los sondeos de opinión–, sólo el ejercicio del recuerdo puede librarnos de que los conceptos de verdad y mentira queden pulverizados. Si en lo histórico nos las vemos vindicando la memoria, es porque a la desmemoria le sigue la confusión interesada del revisionismo –ése por el que, lejos de la verdad o el recuerdo, se vuelve al intento de confundirnos con respecto a quién bombardeó a quién–. Que la actitud revisionista en lo histórico tiene su correspondencia en la actualidad política con el bombardeo de la consigna diaria –sea la consigna sobre el 11-M mil veces machacada por del Burgo o la supuesta venta de Navarra augurada machaconamente por Sanz–, es una latosa evidencia. Frente al latoso e inclemente machaque, frente a la diaria ceremonia de la confusión, queda por explorar el potencial de un arma aparentemente cargada de futuro: la hemeroteca.