Como no podía ser de otra manera, habemus obispo. Ya tenemos cartel sanferminero and the winner is uno de los tres carteles episcopales –quiero decir, con un obispo como motivo central– que había entre los seis primeros. El cartel ganador es el que presenta al legendario obispo de Pamplona llamado Fermín de manera más explícita. Como ha observado el ganador, el caleidoscópico cartel que ha quedado sexto, el titulado Kalos Eidos, es bueno, si bien hay que mirar con atención los triángulos del caleidoscopio hasta ver surgir de ellos, en pleno centro del cartel, al legendario obispo mitrado de Pamplona. Pero por aquí no estamos para sutiles juegos caleidoscópicos. Lo mismo el cartel, en pagos tan episcopales como éstos, hubiera quedado mejor clasificado de haberse titulado, más explícitamente, Epískopos. Pagos episcopales los nuestros, y no porque tengamos arzobispo o porque el santo patrón llegue a la final del concurso de carteles en una de cada dos obras gráficas presentadas entre las seis últimas; no por eso, ni porque tengamos previsto incluir próximamente entre la estatuaria de la capital navarra sendas esculturas en tamaño XXL de un papa difunto y del Sagrado Corazón, sino porque no nos faltan ahora campeones de la intachabilidad ética dispuestos a superar a los obispos en el trazo grueso y en el autoasignado papel de bocinas morales de la sociedad toda. Así el upeneísta Marcotegui –no sé si conservador o liberal, pues ya no hay ultramontano que no se reclame liberal de toda la vida– anda por esas radios relacionando el aborto con Auschwitz. No le va a la zaga el Cervera que, pese a autodefinirse como liberal avanzado, queda más cerca del fundamentalismo antiabortista norteamericano que de los liberales estadounidense cuando anatemiza y fulmina la posible presencia de “brigadas aborteras” en territorio foral. Tenemos obispo e incluso hay más de uno. En el cartel sanferminero, por descontado, y no digamos ya entre los liberales del cartel electoral.

Publicado en Diario de Noticias
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