Portentoso: dos ya no tan jóvenes políticos navarros chatean virtualmente, o mejor dicho, tuitean durante sesenta minutos seguidos y no sólo consiguen no decir NA-DA de fundamento en todo ese tiempo, sino que sus insustanciales naderías son la propia NA-DA: lo bien que está tuitearse, lo bonita que es la cacharrería táctil de Apple, lo estupendo que sería tener conexiones a internet de verdad, y no las que aquí dan los eufemísticamente llamados proveedores de servicios telemáticos… Una hora y NA-DA. Con lo bien que hubieran estado esos dos entusiastas de las nuevas tecnologías viviendo la experiencia sensorial –más que nada gustativa– que es el chateo de verdad: el que se practica de tú a tú, y no de twitter a twitter, junto a incombustibles poteadores natos o netos. Hablando de la NA-DA: larga entrevista en este periódico al filósofo –originario de Pamplona– de la cosa digital, que teoriza con su acostumbrada circunspección sobre el libro electrónico. Cualquiera que haya tenido en las manos lo que unos llaman e-book y otros e-reader, sabe que de momento eso no es NA-DA, nada que pueda hacer sombra al libro de verdad; pero, eso sí, siendo todavía NA-DA –a lo más el campo de escaramuzas donde algunas multinacionales tratan de asentar su dominio en un mercado venidero de no se sabe bien qué o con qué acabado–, hay infinidad de linces viviendo ya de ello: viviendo de dar el curso, de dar la conferencia, de debatir o de ilustrar a los que no soportan no saber nada de nada sobre tan inmensa NA-DA. Miguel Sanz arremetió en la radio contra todo –contra Zapatero y contra Rajoy–, contra nada y contra sí mismo –contra todos los políticos, incluido él–. Pronto inaugurará el circuito de Los Arcos, que corre el peligro de ser con el tiempo lo que la sala de exposiciones de Tita Cervera en esa misma localidad, o lo que los pregonados convenios nanotecnológicos del presidente en sus viajes a lo largo y ancho de las Américas: NA-DA, la materia de la que está hecho este artículo.