Cuando se vaya, echaremos de menos –como ahora echamos de más– a ese gran estadista que es Miguel Sanz. Si Sanz anda de por medio, entiéndase por estadista al incondicional del equipo que sin falta acude al estadio para sufrir lo que le echen y más. Pues en menos de lo que dura la alegría de un osasunista y casi de la misma tacada, el otro día ese fervoroso osasunista que es Sanz –el mismo Sanz que la semana pasada afirmaba enfático, como un forofo, que las procesiones gubernamentales tras el arcángel San Miguel son un elemento constitutivo de la identidad navarra y que mientras de él dependa, nos guste o no, el Gobierno irá tras el clérigo que pasea al arcángel del Ejecutivo al Legislativo–, digo que Miguel Sanz se pronunció el otro día en cuestión de minutos en contra del velo religioso llamado hiyab –“un agravio”, declaró en la radio, ya nos explicará por qué a quienes no vemos agravio ninguno en ese velo u otro parecido, lo lleve una colegiala islámica, una monja católica o una parlamentaria budista– y todavía más a favor que de costumbre del fundamentalismo religioso –ése sí que nocivo, en tanto que lesivo de derechos y por saber qué conviene moralmente a los demás– por el que el Gobierno navarro busca cuantos subterfugios se le ocurren para que en territorio foral y en materia del interrupción del embarazo ninguna mujer pueda llevar a efecto lo que la legislación estatal le reconoce. En eso nuestro estadista no es nada estatista y sus gobiernos han burlado la ley con un burka de hecho que cubre de pies a cabeza el territorio foral: interrupciones del embarazo sólo extramuros y con el billete pagado, si es que alguien se mete a reclamar derechos y gastos. La última ocurrencia de nuestro estadista antiestatista es que ley del aborto es un contrafuero. Así será si así os lo parece y, sobre todo, si os lo consienten los desunidos opositores que hace rato vienen tolerando la imposición gubernamental de un burka de hecho por estos terrenos de juego.

Publicado en Diario de Noticias
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