Si la hay, la oposición debe apresurarse a solicitar el inmediato ingreso del portavoz del Gobierno en el patronato de la Fundación Arte Viva. En tan molusca fundación, iba a estar en su salsa y en la más grata de las compañías. La higa ??no de Monreal, sino el desprecio, el desdén?? que el portavoz del Gobierno lanzó el lunes pasado al órgano fiscalizador de cuentas del Reyno ??por reconvenir éste muy tímidamente la política de un departamento gubernamental??, no estuvo bien. El «sostenella y no enmendalla» del miércoles, fue peor; pasó de castaño oscuro. Lanzarle una higa al fiscal de cuentas, intentar desacreditar sin mayores argumentos un informe del órgano que dicho fiscal preside, puede ser tomado, sin más, como la política del calamar: el Gobierno ??dentro de su concha?? tiene su corazoncito, le duele la crítica y su primer instinto es lanzar tinta, jugar al despiste como el molusco. Persistir en el error, «sostenella y no enmendalla» dos días después ??otra vez sin argumentos, pruebas o razones que desdigan lo dicho por el informe del órgano fiscalizador??, hay que tomarlo como algo peor: como la costumbre, crónica en el Gobierno al que Alberto Catalán pone voz, de desoír toda censura o reconvención de cualquier organismo dedicado al control del poder ??sea juez, representante soberano o fiscal de cuentas??, para después de actuar como el calamar, buscarle al asunto la vuelta administrativa y seguir por donde solía. Que la voz del Gobierno siga en sus trece, confirma el carácter crustáceo de la cosa pública en el muy oportunamente llamado Reyno. Oportunamente, por lo que el término tiene de atávico, como el régimen político de cosas impuesto por un Ejecutivo desdeñoso de todo mecanismo de control. Y dada la probada inutilidad de censurar al Ejecutivo por medio de cualquier órgano pensado para fiscalizar su labor, la oposición podría solicitar el inmediato ingreso del portavoz en el patronato de alguna fundación del máximo prestigio molusco.
