«Yo es que tengo mucho mili en política.» Eso decía el siempre ameno Miguel Sanz, sincerándose en su última entrevista. No es nada la mili que usted tiene para la que le queda hasta llegar a esa jubilación hacia la que marcha Del Burgo y a la que no sé si habrá llegado el que fuera Primer Embajador del Reyno, Ricardo de León –de vuelta a la actualidad por obra de la Fiscalía Anticorrupción–. Pero, sí; dicho «con más definición» –como se dice ahora en el fútbol–, nuestro presidente tiene la mili de un chusquero: la del que ha hecho el viaje de soldado raso a oficial y ahí sigue, al chusco hasta llegar a mejor ventura. En su amena entrevista, el presidente del partido mayoritario lamentaba que uno de sus opositores políticos «conjuga verbos con escasa definición». No es que instase a su adversario a escoger más cuidadosamente los verbos; no es que le censurase por el mal uso que pueda hacer de los modos o tiempos verbales; es que, más futboleramente, le criticaba sus regates, lo escurridizo de su discurso, su falta de precisión o su exceso de ambigüedad. Su adversario podría contestarle que él también tiene mucha mili en política. Quién que esté en política no tiene mucha mili, si ésta es, abrumadoramente, el cuartel de los chusqueros. Y lo propio de quienes tienen tanta mili es «conjugar los verbos con escasa definición». Mi foto predilecta de la semana es ésa publicada por este periódico en la que se veía a media docena de chusqueros –mitad cargos políticos, mitad funcionarios afectos al partido presidido por nuestro «lingüista»– en el acto preelectoral de reinaugurar una biblioteca. A la biblioteca, aunque reinaugurada, le faltaba definición, quiero decir, libros; pero los retratados lucían en ella con una rotunda definición cuartelera. Con la del propio Sanz, la del ahora Sherlock Holmes del partido –el infatigable e infalible olfateador de pistas, Del Burgo– y la de don Ricardo de León, si es que éste no ha llegado todavía a la mejor ventura de su jubilación.

Octubre de 2006, DN.