Casi me caigo de la silla al leer que el gran Francisco Mangado, ante la “debacle en valores” que padecemos, reivindica ahora una arquitectura que, amén de estar inspirada en la utilidad, el servicio y la vocación social, piense en el interior de las viviendas más que en las fachadas. Casi me caigo porque dos amigos míos viven dentro de un mangado en Mendillorri. Él es un loco de la música, pero no puede poner mucha porque en el interior de ese mangado para pobres los vecinos de al lado oyen hasta el menor suspiro. Ella vivió una odisea hasta encontrar un sistema con el que colgar algunas reproducciones de sus pinturas favoritas en unas paredes que parecen hechas con papel de fumar. Mangado, como el mismo Mies van der Rohe, fotografió profusamente el edificio nada más acabarlo y mandó hacer un libro en el que se hablaba de utilidad, servicio y vocación social. No iba a hablar del reguero de chapuzas o del calvario de pleitos con que se queda el hipotecado cooperativista cuando el gran arquitecto se esfuma. No contento con eso, se confirma que Mangado traerá en junio, ya que no había crisis en nuestros presupuestos para la Fundación Arquitectura y Sociedad (FAS) de Mangado, a gente como Peter Sloterdijk, que seguro que encandilará al auditorio hablando del mundo bajo la nietzschana trasmutación de todos los valores, o a Jacques Herzog, que es quien dijo que el Guggenheim “representa el mercado más cínico, estúpido y burdo, movido por la vanidad”. Hablando de vanidad: ya tienen Sanz o Barcina, gracias a Mangado y su FAS, lo que no tuvieron con el congreso barojiano que nunca fue: una colección de fotos en perspectiva con figuras internacionales. Este congreso, igual que el barojiano que no fue, lo moderará un antiguo izquierdista y luego conferenciante de la FAES que, el mismo día en que la consejera Navarra de Salud abochornaba al Parlamento, puso por las nubes al Gobierno Sanz. Gracias a la FAS y cueste lo que cueste, ya tenemos en Navarra nuestra FAES en marcha.

Publicado en Diario de Noticias
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