Yolanda, todo junto, y “yo, Landa”, por separado, no como Melinda y Melinda. Por un lado, Yolanda: esa señora que conjuga tradición y modernidad al vindicar la reacción integrista de los Rodezno y al ejecutar las más modernas obras de arquitectura, como el inminente Museo de los Sanfermines. Por otro lado, “yo, Landa”: la conocida y decidida opción cultural de UPN por el landismo, por un Alfredo Landa a lo Alfredo Jaime, castizo y a calzón quitado; vamos, por ese actor deliberadamente –sobreactuadamente– más navarro que el que más, del que tanto hemos disfrutado en el curso de los muchos y grandes agasajos que se le han rendido durante estos felices años de sanz-barcinismo. Años para los asnales, si no para los anales –del reyno, por supuesto–. ¿Que UPN no se acordó de los jóvenes cómicos en los presupuestos? Cosas de este régimen foral que paga religiosamente, cuantas veces haga falta, el caché de Landa en el papel de navarro feliz de conocerse. El caché de Landa y el de quien lleve a la escena obras tan profundamente nuestras como aquella estrenada por aquí a raíz de los fastos y gastos del Quinto Centenario: aquella del “juglar de la Cruzada”; aquella, sí, del autor del Romancero carlista, que no gitano; aquella, en efecto, de Pemán, del Pemán franquista y nacionalcatólico que glosara y loara cruzadas, javieradas y otras esencias navarras tan queridas por los Rodezno: “Navarra, alcanfor de España y espliego de Occidente”. El régimen paga esos cachés y el de Mangado, cuya fundación no quedó olvidada, faltaría más, en los presupuestos. Pronto, en nuestros navarrísimos y consensuadísimos presupuestos –qué afición al teatro, a la farsa– tendrá que entrar ese veinte por cierto –como poco– del gasto ordinario del Museo de los Sanfermines que ya antes de nacer el centro temático, si no tomático, se supone que habrá que ir poniendo por delante, año tras año, para su subsistencia a precio de museo de arte contemporáneo. Yolanda o “yo, Landa”. Hay donde elegir.

Publicado en Diario de Noticiasdn