Fue a finales de los años 90, más en concreto allá por 1998, esto es, ya bajo la hégira, égida, férula, espada de Demóstenes o lo que rayos sea de Miguel Sanz, cuando echó a rodar una de las cacicadas de “más largo recorrido” –que se dice ahora– de cuantas han sido en la andadura política de nuestro ilustre orador. Que fue una cacicada lo digo ahora, entonces y por el camino. A su manera, es decir, con los debidos circunloquios, lo dijeron también los jueces, si bien siete años y medio después de consumados los hechos. Dijeron los jueces siete años y medio después, y cito textualmente, que “siendo benévolos”, la concesión gubernamental de licencias radiofónicas a la Universidad de Navarra y Net 21, allá por 1998, “además de inusual” había sido “inapropiada, contradictoria e inocua”. Traducción: que además de antirreglamentaria, había sido una cacicada. Una cacicada que, cerca de un lustro después de ser declarada tal por los tribunales, aún colea. Ayer, el portavoz del gobierno Sanz declaró que no se va a permitir a Net 21 trasmitir su licencia de emisión a otro empresa. Traducción: que aunque el Gobierno agradece los servicios prestados a la emisora que en su momento diera voz a todas las voces del Gobierno y a todos los que lo jaleaban entusiásticamente, por un elemental decoro que el Gobierno no siempre ha tenido, no puede permitir a los dueños de la emisora, después de tantos años y tanta irregularidad, pegar un pelotazo descarado y desaparecer. Se conoce que eso sería demasiado hasta para los líderes de UPN, máximos responsables de que tal cosa haya podido llegar a plantearse. Más de un decenio después de que aquella cacicada se consumara, la cosa colea y de esta fea manera. Las razones por las que aquello pasó no se le escaparán a nadie: se trataba tanto de negar la licencia a otros –con más méritos para obtenerla– cuanto de dársela a los entusiastas o por lo menos no críticos de la hégira, égida o lo que rayos hayan sido todos estos años de imperio sanzista.
Publicado en Diario de Noticias
