Porque existe Google, que si no, no me hubiera acordado del nombre de aquel delegado del Gobierno tan dinámico que organizaba patrióticas juras de bandera con nuestras arquistars. Arquistars quiere decir estrellas del firmamento arquitectónico. Nuestras arquistars cabían casi todas juntas en una jura de bandera de las que organizaba Ripa en Aizoáin, que es donde casualmente volvieron a coincidir, una vez más –ésta en posición de firmes– Mangado y el marido de Barcina. No recuerdo ahora si compañeros de tantas fatigas como Mangado y Vallejo coincidieron o no en el patronato de la Fundación Arte Viva Navarra, de tan grato recuerdo y que tantos éxitos cosechara en el Reyno. Los éxitos venideros quedan todos para la fundación de Mangado, a la que no hay crisis que prive del apoyó incondicional de Sanz y Barcina, Barcina y Sanz. Pero a lo que iba: en la estela de Ripa y para mayor lucimiento del Día de la Fiesta Nacional –entiéndase fiesta patriótica, no taurina–, la ministra de Defensa ha puesto a trabajar para la Patria a estrellas del firmamento mediático como Concha Velasco o Ferrán Adrià. La una y el otro confraternizarán el próximo día 12 de octubre con la tropa, como ya hicieran en su momento ilustres predecesores tales que Mangado y Vallejo, Vallejo y Mangado. La verdad: encuentro ese gasto algo superfluo, precisamente ahora. Precisamente ahora que un héroe patrio de las épicas dimensiones de Alonso ha fichado por la escudería del caballo rampante y los líderes de opinión radiofónica, al grito de “¡Alonso, Alonso, Alonso!”, felicitan a Italia por la suerte que tiene al haber sido salvada, lo sepa o no, con la llegada de un español providencial –así que sea uno de esos españoles providenciales que residen en algún paraíso fiscal y dicen en International English una palabra de cada tres–. Qué derroche, llamar a Adrià, pagar su caché de estrella internacional –sólo al alcance de Sanz y Barcina en campaña– en plena ola de euforia alonsista o furia patriótica.
Publicado en Diario de Noticias
