dnQue dice del Burgo que dijo Berlusconi que tras los atentados del 11M por fuerza tenía que haber una mente española. Mente y española, en ese contexto, se entiende como algo redundante, pleonástico. Por lo que del Burgo dice que dijo Berlusconi, se desprende que il Cavaliere no tiene mucha confianza en que haya mayores indicios de hervor intelectual en las cabezas de esos a los que del Burgo viene llamando «los moritos» –los mismos a los que las marquesas nacionalcatólicas llamaban «los chinitos»–. A decir de del Burgo, Berlusconi dijo que al Tunecino o al Egipcio no podía suponérseles capacidad intelectual para calibrar las consecuencias políticas de la masacre de Madrid, por lo que –sentado tan inamovible axioma– alguna mente, naturalmente que española, planificó lo que fielmente ejecutaron «los moritos». Mussolini tampoco tenía una fe excesiva en la capacidad intelectual de «los moritos», si bien Franco confiaba ciegamente en su despiadada fidelidad. Del Burgo no dice que él diga, pero cualquiera que tenga un hervor intelectual y la nacionalidad española deducirá la apabullante evidencia que se deriva de lo que del Burgo dice que Berlusconi dijo: que los «moritos» fueron los fieles ejecutores de un plan concebido por alguien con el carné de español en la cartera –incluso a su pesar– para precipitar el descalabro electoral de la familia popular. El descalabro popular y los subsiguientes delirios churriguerescos –Churriguera: cada día una nueva vuelta de tuerca a la columna salomónica– que gentes de tan mal perder como del Burgo, sin mayor miedo al ridículo, vienen escenificando desde la fatídica noche electoral. La hipótesis de la autoría intelectual española de los atentados del 11M se sostiene, sin el menor sonrojo, sobre un axioma al parecer tan incontrovertible hoy como ayer, dentro de esa eterna España churrigueresca de la que del Burgo es un privilegiado exponente: el axioma de que «el moro», de por sí, es tan fiel como falto de sustancia pensante.
Publicado en Diario de Noticias