

Jorge Luis BORGES
La traducción tiende hoy a convertirse en un trabajo filológico, desempeñado, no sin temor, bajo la vigilancia del diccionario. Como estos no existían en la Edad Media, el traductor recreaba, a su manera, el texto original dejándose guiar por el solo propósito de demostrar que su lengua vernácula no era menos valiosa que la otra. En el siglo XIII o XIV una traducción literal corría el riesgo de parecer torpe y ridícula. Sospecho que conceptos tales deben su origen al temor sagrado de modificar, por poco que fuese, la sintaxis del Espíritu Santo.
Chaucer, por ejemplo, traducía con suma libertad; el árido aforismo hipocrático «Ars longa, vita brevis» le inspiró esta música melancólica: «The lyf so short, te craft so long to lerne».
No diría yo que Ezra Pound retomó el concepto medieval de la traducción; diría que, indiferente a todo aquello que es literal, intentó una curiosa experiencia que muchos no comprenden. Así traduce, por ejemplo, el comienzo de la elegía anglosajona del Navegante:
«May I for my own sake song’s truth reckon
Journeys Jargon».
Gordon traduce literalmente:
«I can utter a true song about myself
tell of my travels».
Esto es completamente límpido y adecuado, pero el poema dice:
«Maeg ie be me sylfum sothgeid wrecan
Siehas secga».
El verso y el hemistiquio citados basta, me parece, para ilustrar el método de Pound. La prosa de Gordon es más natural y fluida que la versión poética de aquel, pero es evidente que Pound, sin dejar de ser fiel, quiso reproducir en inglés moderno la enérgica aspereza del texto antiguo y también los mismos sonidos. Walter Pater afirmó que todas las artes tienden a la condición propia de la música, cuyo fondo se confunde con la forma. Aquellos que, como nosotros, se han dedicado, con mayor o menor fortuna, al ejercicio de la poesía, sabemos que lo esencial del verso es su entonación y no su sentido abstracto.
Los eruditos acusan a Pound de cometer errores garrafales, demostrando su ignorancia del sajón, del latín o del provenzal: se niegan a comprender que sus traducciones reflejan las formas inasibles y no el fondo.