No veo diferencias abismales entre las mentiras histéricas de un Aceves y la demagogia dialéctica del senador norteamericano Joseph R. McCarthy, durante la época de la «caza de brujas», acusador, juez y verdugo de todo traidor a la patria que no entendiese el patriotismo a su histérica manera. De modo que Buenas noches, y buena suerte, película ahora en cartel y cuyo trasfondo es el del macartismo, resulta bastante actual. El momento cumbre de la película es ése en que el abogado del ejército Joseph Welch precipita el principio del fin del macartismo al hacerle al senador, frontal, abiertamente estas dos simples preguntas: «¿No tiene usted vergüenza, señor? Definitivamente, ¿carece de todo sentido de ella?». Welch le preguntó eso a McCarthy en un inglés arcaico que añadió impacto a sus palabras. Quizá Welch uso viejas palabras porque intuía que la primera misión de un demagogo como McCarthy –o Aceves– es corromper no sólo los temas de conversación, sino las palabras mismas. Supongo que tras las histéricas mentiras dichas por Aceves en vísperas de las últimas elecciones, infinidad de papeletas decían en realidad: «¿No conocen ustedes vergüenza alguna?». Sin embargo, visto el último regreso de Aznar –el regreso por donde solía–, no parece que aquellas palabras que tumbaron al senador McCarthy hayan sido siquiera oídas por el PP, mucho menos por Aceves. Seguimos, pues, cada mañana con nuestros lingotazos de (in)quina Santa Copeína –sin más muestras de vergüenza entre los obispos– y los mismos –¿los eternos?– temas corrompidos de conversación. La prensa extrajera hablaba el martes pasado de que, en éste al que el poeta llamó «viejo país ineficiente» –casi siempre entre dos guerras, o al menos entre viejas inquinas– hay un 30 por ciento de contrato temporales. En el Reino Unido, un 5,7. En Bélgica, un 8,7. En Francia, un 12,3. Es un tema de conversación alternativo, como la desertización o la vivienda, por si algún día dejamos de lado los temas corrompidos.
Publicado en Diario de Noticias (marzo 2006)