Mi ejemplar de la Constitución española de 1978 se va poniendo del color de algo tan genuinamente español como el inolvidable papel del elefante:

 

Lo que inevitablemente me trae el recurdo de un sonado cazador de elefefantes cuya familia estuvo la semana pasada en Mallorca, como Pérez, para hacer ostentación de haber ido por donde el cazador solía, por misa de 12 en la catedral. Marchemos todos por la senda de los elefantes y yo el primero.

 

Postdata: Se confirma que el presidene de la République française no estuvo la semana pasada, ni la anterior –ni tiene previsto hacerlo la próxima– en Notre Dame, ni en Chartres, ni en ninguna otra catedral, mezquita o sinagoga del Hexagone.