Vicente HUICI URMENETA

Izquierda (el futuro de la)

Uno de esos viejos colegas de la extrema izquierda, de los que un amigo me confesaba que se han vuelto tan de derechas que para atisbarlos ahora acaba uno con tortícolis, decía en su último, digamos, artículo y aprovechando la polémica actual sobre el genocidio de Gaza, que «la izquierda es antiburguesa y antisemita» y por lo tanto «está contra los ricos y contra Israel, porque Israel (por extensión, los judíos) es rico y los palestinos son pobres».

Una vez sobrepasada la sorpresa inicial ante este esquematismo general básico –ciertamente impropio del catedrático emérito que lo ha suscrito– parece no obstante que resulta acertado en la primera parte de la primera parte, o sea, en lo de que la izquierda, tal y como se estructuró desde Marx y Engels ( y Bakunin) es, en efecto, antiburguesa, considerando a la burguesía la clase dominante del capitalismo opresor.

Ahora bien, lo que venga a significar ese sentimiento antiburgués es quizá lo que haya que discernir hoy en día, porque más allá y más acá de los extremos que siempre se tocan, y una vez despejadas las obsesiones gran-nacionalistas, lo que suele quedar por defecto es más bien una socialdemocracia muchas veces en el límite de la democracia cristiana.

Y sobre este discernimiento, otro excombatiente de otro matiz colorado ha sintetizado, en una sugerente columna, como izquierda «a las corrientes que apuestan por la igualdad entre los seres humanos por encima de todo tipo de barreras –sociales, de sexo, de género, de etnia–, que propugnan un mejor reparto de la riqueza, no abandonar a nadie a su suerte, fomentar la colaboración social como mejor método para enfrentar los problemas», y, consecuentemente, ha publicitado las siguientes consideraciones sobre las balizas que circunvalarían su espacio político y que serían: la defensa de la democracia; el sostenimiento y perfeccionamiento del Estado y de los servicios públicos; y, por fin, el impulso a uniones, alianzas, estructuras o instituciones supranacionales que ayuden a gobernar y encauzar la globalización.

Como se puede deducir, parecería que a la izquierda no le quedaría en estos momentos y ante las amenazas autoritarias sino profundizar en el asentamiento del llamado Estado del Bienestar, en una nueva fase de despliegue hegeliano del Estado liberal y constitucional, muy en la onda de aquello que ya apuntaba Antonio Gramsci en aquella famosa frase que decía en 1917 (Masse e partito): «El programa liberal integral se ha convertido en el programa mínimo del partido socialista…»

Pues eso, que diría un Paco Umbral…

© Vicente HUICI URMENETA [vicentehuici.com]