
Javier EDER
Cómo está el Servicio –así, con mayúsculas: con mayúsculas de las llamadas genuflexas, de las que se esparcen a troche y moche en la designación oficial de servicios y cargos administrativos–, nos lo podrían decir las que tienen que servir, tal que doña María Dolores Eguren o doña María Isabel Beriain –una y otra en el candelero estos días–. Los menos desmemoriados del lugar recordarán que a doña Lola Eguren le puso UPN un Servicio, luego de que la ex socialista pidiese alto y bien clarito el voto para el partido de Miguel Sanz, junto a otros tránsfugas de la imponente autoridad moral de Manuel López Mazuelas, venido expresamente para aquella ocasión desde México, donde sus negocios con algún conocido y muy premiado empresario afín al regionalismo navarro seguirán reclamándole. UPN le puso a doña Lola Eguren un Servicio, ex profeso creado para ella, no sólo con mayúsculas, sino con toda la pompa y circunstancia de los Grandes Servicios –de los Servicios como el que en su día se le puso en la Villa y Corte a don Ricardo de León, ¿ya felizmente jubilado, o cómo va lo de don Ricardo?–. UPN le puso a doña Lola Eguren el prosopopéyico Servicio de Participación en la Construcción Europea, Servicio mayúsculo, a no dudarlo, del que de entonces a esta parte no hemos tenido mayores ni menores noticias, y como a la señora Eguren le quedará mañana tiempo para leer una proclama que nos recuerda su existencia, nos preguntamos: y el Servicio, ¿bien? Por su parte, a doña Maribel Beriain, ex parlamentaria de UPN, le tocó en suerte regir los destinos de la Fundación para la Conservación del Patrimonio Histórico de Navarra –con un sueldo, millón arriba, millón abajo, no menos mayúsculo que el de don Ricardo– y en días pasados la hemos visto dirigiendo la peligrosa maniobra del traslado del retablo de Aralar. El traslado, un éxito; pero ¿y el Servicio? Saber cómo anda el Servicio nos ayudaría a entender cómo está el patio, el patio foral, claro. Que lo digan las que tienen que servir.
Publicado en Diario de Noticias.