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La desfachatez que ha llevado a Sanz –Sanz Sesma– a interpretar la sentencia judicial por la que se anula la concesión de licencias de radio hecha en su día por Sanz –Sanz Barea– y Palacios como otro éxito del Gobierno de UPN –otro más de la cascada incesante de éxitos que a diario produce su Gabinete–, sorprende tan poco como el desparpajo –la frescura– con que Juan Cruz Alli ha comentado la jugada. De entrada Alli nos recuerda lo que es oportuno no olvidar: que ya en su día el Parlamento censuró al tándem Palacios-Sanz –Sanz Barea y, de rebote, Sanz Sesma– porque “entendió que las adjudicaciones de licencias de FM habían sido arbitrarias e ilegales”. Y frente a la desfachatez con que Sanz –Sanz Sesma– niega lo evidente, para a renglón seguido interpretarlo como otro éxito de su Gobierno, Alli nos confirma que las evidencias son incontestables e irreversibles: que la reciente sentencia judicial no dice nada distinto a lo que ya dijo el Parlamento, diga lo que diga Sanz –Sanz Sesma– que dicen los jueces. Pero una vez sentado lo que dijo el Parlamento y lo que han dicho los jueces, hay que ver la frescura con que Alli añade que uno era el Palacios que concedía arbitraria e ilegalmente licencias de radio, y otro –al parecer bien distinto– es el Palacios que campea hoy por Bienestar Social. Dado que habría tantos Palacios como cargos ocupe el incombustible consejero de ese nombre, Alli retira la confianza –sin paliativos– al Palacios que ya no existe, al que cometió actos arbitrarios contrarios a la legalidad –por la que todo consejero, independientemente de la cartera que ocupe, debe velar–, y de la misma se la otorga –sin condiciones– al Palacios que comparte con el partido de Alli tareas de Gobierno. El cargo –la consejería–, nos está diciendo Alli, no sólo hace al alto cargo –al consejero–, sino que el cambio de cargo –el simple intercambio de carteras– lava sus ilegalidades. El cambio de hábito, pues, regeneró al monje. Y aquí Sanz –Sesma y Barea– y después gloria.
Publicado en Diario de Noticias.