
Pues va a ser que con lo de la y griega del Reyno volvemos a tiempos más gloriosos –voy por rutas imperiales– y con la publicidad a donde solíamos: a las piernas desnudas de Nico, al galope, allá por los 60, promocionando un brandy histórico: el Centenario de Terry. Cuando Andy Warhol ficho a Nico para oficiar de vestal en la Velvet, los de Terry subieron al caballo a una sueca. Corrían años triunfales y una sueca era lo que los cánones del landismo imponían como objeto del deseo en la imaginación del macho ibérico. ¡Qué de homenajes le ha rendido el Reyno a Landa! Y ahora los tintos forales se lo rinden al landismo. Buenos tiempos, los del Reyno, para el clásico energúmeno hispánico en calzoncillos; buenos para las rutas imperiales –hoy en forma de autovías– y nada malos para la lírica zarzuelera de los chulapos. Conque en el Baluarte –«en Baluarte», que dicen los castizos: lo que no sé es por qué no dicen «en Gayarre»– tenemos La chulapona y en la foto de la semana al Gobierno foral con el «tumbao» que llevan los guapos al inaugurar. Así de zarzueleros los tiempos, es natural que el supuesto escultor Carlos Ciriza, favorito del Reyno, haya colocado al pie del tramo inaugurado de autovía otra aparatosa pieza de su prolífica y chirriante cacharrería. Así de estragado el criterio estético, el muy sanferminero concejal de Cultura de Pamplona –¿uno de esos tipos capaces de vibrar con la publicidad de los tintos forales–, por aquello del V Centenario, tenía que encargar una escultura gigantesca del santo patrón. El Javier que le han presentado, tanto le ha complacido y tanto le va a costar, está a la altura estética de la botella de Tío Pepe –la de la chaquetilla y el sombrero cordobés–. ¿Centenario? Sí, pero Terry.
Publicado en Diario de Noticias.
