dn

En medio de ninguna parte, en la calle F, o en la calle G, o qué más en qué calle del polígono de los Agustinos, cada mañana se junta el pequeño grupo de personas –una o dos docenas– que, ordenada, pacífica, silenciosamente piden con una pancarta lo que no parece tanto pedir: que la dirección de la empresa Ochoa-Lácar –premiada en 2005 por el Gobierno Sanz como dirección empresarial modélica del año– se avenga a revisar los ocho despidos que recientemente ha forzado –al precio ciertamente barato de veinte días por año trabajado–, amén de dar alguna orientación sobre el incierto futuro del resto de trabajadores. Para que el grupo no esté tan solo, la señora delegada del Gobierno manda cada mañana a aquel lugar en medio de ninguna parte a una o dos furgonetas de las fuerzas del orden, de modo que a veces los guardias superan en número –y desde luego en visibilidad– a los que piden aunque sea una explicación. De vez en cuando pasa un coche que hace sonar el claxon, como diciendo “no estáis solos”. Pero sí están solos: están solos frente a una dirección empresarial “modélica” y en sintonía con ese presidente nuestro del Gobierno, según el que la crisis se solventa con más ágiles despidos; están solos frente a un contingente de fuerza pública que no se sabe para qué está allí, como no sea para recordar a los pacífica y ordenadamente reunidos que la ley –concretamente la que hoy rige en materia de flexibilidad laboral– es la ley y ha caído sobre ellos, sin derecho a réplica; están solos, porque ningún político de los que se dicen solidarios con las causas de los desfavorecidos ha considerado dejar de asistir a algún sarao oficial y pasarse una mañana por allí; están solos, porque ninguno de los muchos cineastas que estos días se dan cita en Pamplona va a ir a filmar a ese lugar en medio de ninguna parte otra versión, otra visión de La soledad. Están solos, aunque no son los únicos: en cada calle F, o G, o qué más da de cada polígono industrial, hay alguien con su misma soledad.

Publicado en Diario de Noticiasdn