Porque de no haber existido un grupo como Fleetwood Mac, ¿qué se hubiera perdido? No mucho, la verdad: la música del siglo XX hubiera seguido su curso igual. No mucho, pero algo sí, porque Maneras de vivir, la emblemática, la mítica, la inmarchitable canción de Leño –a la que el Gobierno de Navarra va a dar nueva vida con su campaña “Navarra, maneras de vivir”– se parece bastante a uno de los éxitos de los Fleetwood Mac: Don’t Stop. No creo que Rosendo quisiera plagiar –y menos parodiar– en los 80 a Fleetwood Mac: allá por los muy macarrónicos –y muy spaghetti western– años 70 se le habría metido la melodía de Don’t Stop en la azotea y pasados los años le salió inconsciente, espontáneamente una versión propia, más descacharrada, arrastrada y macarra, que estaba llamada a convertirse en una canción-himno de la historia contemporánea de España. España y yo somos así, señora. Así de distintos a Gran Bretaña, también. Si Leño hubiese sido un grupo inglés, Maneras de vivir hubiera podido triunfar lo mismo, siempre que los ingleses hubieran partido del sobreentendido –erróneo– de que la canción era una parodia voluntaria y macarrónica de los difuntos Fleetwood Mac –difuntos, pero con muchas giras triunfales por delante–. Una de las más descacharrantes películas de los 80, Esto es Spinal Tap, de Rob Reiner, parte de un equívoco así: la suposición general e infundada de que todo es una broma monumental, lleva a los Spinal Tap al éxito y a partir de ahí no les queda más remedio que seguir parodiándose a sí mismos, gira triunfal tras gira triunfal, como los muy acabados Fleetwood Mac. Hacia el final de la película, después de infinitas giras, los Spinal parecen liquidados, pero entonces empiezan a salirles conciertos en el Japón: “Siempre nos quedará Japón”, dicen parodiando al Bogart de Casablanca. Rosendo no sospecharía que le quedaba Navarra. Y si “Navarra, maneras de vivir” no triunfa, siempre nos quedará por aquí la máquina virtual de correr encierros a la japonesa.

