Pues eso: que ni es TAV ni se le espera; pero, tranquilos, que la esTAVilidad de Navarra no va a peligrar porque el TAV ni esté ni se le espere antes de las calendas griegas. Total, no hay cristal. Total, a conferenciantes como Sanz o su sucesora les pilla la noticia en su encantadora y muy tradicional gira de invierno por las Américas, de bolos gastronómico-festivos, y Moscoso o Jiménez no se van a caer del staff porque no venga el TAV. Es lo que tiene la esTAVilidad: que con ella, ninguno de los que la sostienen se va a caer del cartel. También unos y otros iban a traer a Pamplona un tranvía, o al menos había un tranvía en el cartel electoral. Pasó la campaña, vino el pacto de esTAVilidad, el tranvía se cayó del cartel y yo a Boston y tú a California: unos a Boston, a dar la tradicional conferencia sobre el sanferminero Hemingway por las universidades de la Ivy League –las universidades de la Liga de Hiedra por las que nuestros eméritos conferenciantes van repartiendo pañuelicos, si no dando a conocer al inmortal Raimundo Lanas, el de quisierá volverme ivy–, como todos los años por estas jacarandosas fechas, y otros a CANlifornia, al Consejo de la CAN o la Mancomunidad y aquí esTAVilidad y después gloria. Quienes esperasen al tren, ya se pueden ir a chuflar a la vía, porque ni la llegada del TAV va a ser tan inminente como unos y otros prometían, ni se le espera fuera de las promesas propias de las campañas electorales o de los pacos de esTAVilidad. Digo esTAVilidad porque el pacto parecía fundamentarse, o al menos justificarse en acuerdos –ciertamente difusos– como el de traer el TAV. Claro que si la esTAVilidad no consistía en traer el TAV, consistiría en la pura y simple inamovilidad de los que tan ricamente están dando la conferencia en las universidades de la Ivy League o ejerciendo de oyentes en el Consejo de la CAN, amén de en otras inamovilidades como las que recientemente se han asentado por Cintruénigo. Y eso: que ni el TAV está ni se le espera.

