Miguel Sanz y Roberto Jiménez lanzaron el otro día, al alimón, un aviso para navegantes en forma de SMS. Corto, claro y contundente, como debe ser un SMS, el mensaje venía a decir a los cargos de sus respectivos partidos que donde hay patrón no manda marinero. Que a nadie se le ocurra en lo sucesivo pensar por sí mismo y menos actuar por su cuenta. Pensar y actuar por cuenta propia comportará en adelante, más que nunca, el riesgo de ser defenestrado, apeado del puesto que el partido da y el partido quita. Queden igualmente advertidos los electores de que no han de hacerse en el futuro vanas ilusiones con los nombres, a todas luces irrelevantes y prescindibles, de las listas electorales: donde hay patrón, no manda marinero. Lenin, que ya mandó algunos SMS de ese cariz a los soviets, sigue ganando batallas después de embalsamado. La idea leninista del partido uno, grande y sobre todo compacto, sigue triunfando después de estar Lenin bien muerto, como de sobra saben los concejales de Cintruénigo recientemente purgados, expulsados de uno de esos dos partidos navarros que, precisamente porque no son el mismo partido, acaban de constituir, por decirlo con la brevedad de la mensajería corta, una SMS: una sociedad del mutuo socorro. La mítica supremacía del partido, ente indestructible a lo largo del siglo XX y por lo que se ve con una mala salud de hierro en el XXI, se refuerza y gana batallas insospechadas, en nuestra tierra so pretexto de otros mitos que para mayor gloria de algunos partidos gozan de gran predicamento entre nosotros, como el mito de la estabilidad o el de la gobernabilidad, cosas ambas hoy amenazadas a nada que se arme una trifulca municipal. Tiempos míticos, si bien hay mitos, como el de la relevancia del elector, el de la proximidad del elegido o el de la importancia del contrapeso de poderes, que van de capa caída ante la prepotencia partidista, no digamos si ésta se manifiesta en su expresión más cruda y descarada: la sociedad del mutuo socorro o SMS.

