El titular de este periódico lo decía todo: “El Gobierno cumple con el precepto de asistir a la misa en Javier”. En efecto, oír misa es el primero de los preceptos de la Santa Madre Iglesia. Por descontando que el Día de Navarra es día de mucha fiesta y mucho precepto. Así que, literalmente, encomendándose más a Dios que al Diablo y sin hacerse otras preguntas –“Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir”, que dijeran aquellos cátedros a Fernando VII–, el presidente del Gobierno y la presidenta del Parlamento marcharon en procesión a cumplir con el precepto, como está mandado. ¿Mandado por quién? Por la Santa Madre Iglesia, desde luego, que tiene sus mandamientos –el primero, ir a misa; el último, contribuir a sus necesidades materiales–, y por la Santa Tradición, que manda tanto o más. Quizá también esté mandado por algún precepto protocolario, pero en ese caso el protocolo estará inspirado en los mandamientos de la Iglesia o en los edictos la Tradición. ¿De cuando data esta procesión de autoridades tan santa y tradicional? Si no data de la Edad Oscura, época inescrutable en la que quieren hundir sus raíces todas las tradiciones, datará de los felices años en los que el Caudillo marchaba bajo palio, con gran pompa y circustancia, a cumplir en días de mucho precepto. Las tradiciones tienen mucho misterio, pero el secreto de éstas no tiene ninguno: ritualización –la Autoridad en procesión, de gala, con gran pompa y circustancia– y repetición hasta anular todo discurrir sobre el ritual: lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir. La Autoridad viene intentando repetitivamente enriquecer los rituales del Día del Lugar con profusión de ceremonias que, quizá porque el tiempo no acompaña, no cristalizan de momento como otras procesiones, otras añejas tradiciones rebosantes de metafísicas esencias. Dejemos de lado la manía de discurrir sobre ellas y démosles mil, cien años; o aunque sea diez, hoy tiempo de sobra para fundar tradición inmemorial.

Publicado en Diario de Noticiasdn

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