Cuando quiera es tarde para hacer una magna exposición arqueológica sobre la antiquísima señora llamada a conducir los destinos de las derechas navarras, si nadie lo remedia. ¿Que quién podría remediarlo? Seguramente nadie. Quizá Sanz pueda hacer un intento de poner coto a la desbordada vocación de esa arqueológica señora por abrazar el poder omnímodo. ¿Cómo? Tal vez promoviendo algo de lo que se derive la imperiosa necesidad de poner un contrapeso al poder omnímodo, si no la necesidad de que el propio Sanz se quede no lejos de donde está. Pero no politicemos, que hablamos de arqueología. “Arqueología barcinense”, podría titularse tan necesaria exposición, si no “Arqueología del poder omnímodo”. La muestra podría inspirarse en el hito expositivo que constituyó la exposición del comisario Arbeloa: aquella que contaba con el marido de la arqueológica señora en el patronato de la fundación que la promovió. ¿Qué se fixo de la Fundación Arte Viva Navarra? Eso es ya arqueología y por tanto podría –debería– entrar en la exposición. En la exposición estarían todos los arquitectos que han florecido en las edades barcinenses. Allí tendrían que exponerse todos los proyectos que fueron del museo virtual de los Sanfermines. Todos y, tal como ahora se lleva, con una etiqueta gigante en la que se leyera lo pagado por cada cual. En los proyectos del arquitecto de cámara del reino bastaría con poner en las etiquetas lo gastado en minucias como levantar aquellos adoquines impracticables. Y así, suma y sigue, reconstruyendo arqueológicamente a través de las edades barcinenses la peripecia administrativa y pecuniaria de cada gran obra o cada enorme agujero abierto en el subsuelo –en general, para espanto de arqueólogos, detrimento de lo público y mayor gloria del interés particular–, podría obtenerse el rostro imperturbable de la señora que lleva escrito en él la vocación de poder omnímodo. A ver si no es más necesaria que otras –discutidas y con razón– esa exposición arqueológica.

