Que AC no viene de Antonio Catalán –el empresario ribero, amigo de Zapatero y amiguísimo de Miguel Sanz, o viceversa– es tan claro como que DC no se deriva de Demóstenes corellano, pero interpretaciones más raras se han visto. Cuando AC/DC sacó su disco Autopista al infierno, no faltó quien dijera que AC significaba Anticristo (Anti Christ) y DC hijo del Demonio (Devil’s Children), o simplemente, después de Cristo viene el Diablo (After Christ, Devil comes). Hace poco murió el exorcista en plaza del Vaticano, un señor que estaba persuadido de que el Diablo es un heavy metalúrgico que viste de cuero y toca la guitarra eléctrica, probablemente una en forma de uve, salpicada de calaveras y víboras. Pues bien, no es que en el PP piensen que AC –Antonio Catalán– es el Anticristo, pero por si las moscas han dado orden terminante de que no se entre en sus hoteles. Y del Burgo ya ha advertido que como Sanz –DC– se deje influir más de la cuenta por el Anticristo –AC, el amigo de Zapatero–, se desatarán todos los demonios familiares. Por su parte, el gran empresario de Corella, que nunca ha ocultado lo mucho que le gustaría ver cómo dos de sus mejores amigos inician un feliz y duradero matrimonio –un gobierno de UPN y PSN–, se ha limitado a declarar que él no se mete nunca en política. En efecto, un plutócrata –persona con influencia debida a su capital– no se mete nunca en política. En eso se meten los que igual hacen amigos por el camino y terminan de gerontócratas –ancianos con la última palabra en su partido–. En eso estará Sanz, qua ya ha dicho que él no dijo que fuese a dejar la presidencia del partido cuando abandone la del Gobierno. Y un gerontócrata es el que, llegado el caso, pone una vela a Dios y otra al Diablo; el que da una de cal y otra de arena: una de corriente alterna (AC) para complacer a quien sea menester y otra de corriente continua (DC, Demóstenes continúa) para seguir fiel a sí mismo, sin desplazarse un palmo de su sitio natural a través de las edades.

Publicado en Diario de Noticias
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