En último término, lo que nos diferencia de los animales no es tanto la capacidad de hablar, razonar, reír o pensar en la muerte, cuanto la consciencia de la propia desnudez. No es sólo que los animales sean completamente inconscientes de no ir vestidos; es que al no tener conciencia de lo que la desnudez significa, en ellos no cabe el pudor. En ese sentido, puede que algunos congéneres queden hoy más cerca de los animales que de los humanos. Ahora, entre los políticos, se usa mucho el verbo ‘visualizar’, en una acepción ajena al diccionario aunque perfectamente comprensible. Ejemplo: “En el congreso se visualizará quién es cada cual y qué escenarios se abren”. Traducción: en el congreso se verá quién se queda en cueros y quién sale arropado por las mayorías, además de verse qué posibilidades quedan expeditas al inapelable vencedor. “Visualizar”. Hay congéneres, hay paisanos nuestros que no tienen la menor consciencia de no ir vestidos y que, precisamente por ello, se precipitan a “visualizar” lo muy arropados que están. Tal parece ser el caso del arquitecto Francisco Mangado, cuya capacidad para el pensamiento crítico y sensibilidad social habían quedado hasta ahora inéditas. Arropado por un grupo de autoridades entre las que no faltaban las más altas autoridades políticas del lugar, se nos presentó el sábado pasado como un príncipe que lucía las intenciones más magnánimas, así que el común de los mortales no “visualice” más que su egolatría y desnuda falta de pudor. Nuestras autoridades políticas, con su mejor traje para la ocasión, acaban de engrosar el equipo directivo de Caja Navarra. Algunos de ellos –cómo no, Sanz, Barcina, Roberto Jiménez…– lo hacen por partida múltiple –consejo general, consejo de administración, patronato, comisiones o comités–, sin el menor temor a que se evidencie, a que se “visualice” la desnudez de sus pulsiones y ambiciones, cosa que tampoco ha preocupado nunca a los seres que no hablan, no razonan, no ríen o no piensan en la muerte.

