Urge que una autoridad como la doctora en Farmacia Yolanda Barcina despeje las dudas que inquietan a la población sobre qué clase de energizante, revitalizante o estimulante es el Red Bull. Como ya han señalado los cronistas, san Google bendito enturbia más que elucida la cuestión. Que se pronuncie la autoridad y que caiga sobre nosotros todo el peso del saber. ¿Mata o no mata? Y si lo hiciera, ¿sería suave o fulminantemente? Hablando de Roberta Flack, se presentó esta semana, en lo que los pueblos de por allá suele llamarse “el Opus”, el libro Amor a fuego lento, al parecer casto canto espiritual a la fidelidad conyugal que entonan, entre otras personalidades relevantes de nuestra vida intelectual, una doble autoridad como Yolanda Barcina. Mientras no sea amor en conserva, en lata, como el Red Bull… Seguro que el Red Bull queda muy lejos de la adrenalina pura de aquella película –con guión de Tarantino– llamada Amor a quemarropa. La lata de Red Bull tendrá su ingeniería química, seguro, pero sin llegar a droga de diseño. Será una cosa, salvo que se tome en grandes diócesis –tal que la de Pamplona–, más bien matadoramente soft, como la canción de Roberta Flack –Killing Me Softly–. No me extraña que la autoridad municipal por antonomasia traiga a Pamplona el circo de la fórmula 1, y no sólo porque el patrón del circo de las cuatro ruedas tenga íntimos negocios con el yernísimo de Aznar, sino porque la fórmula 1, o para el caso el Red Bull, es el tipo de estimulante que cabe esperar en la gran diócesis de Pamplona, regida por autoridades tan dadas a promover el casto recato como las que nos ordenan y mandan. Lo que me extraña es que en su intensivo programa de virtualización circense de la ciudad, la autoridad municipal por antonomasia no haya mandado a los barraqueros y espontáneos que durante sus fiestas sirven bebedizos tan recios y soeces como el pacharán o el kalimotxo, más allá de los desiertos lindantes con Senda Viva, nuestra virtualísima Disneylandia bardenera.

Publicado en Diario de Noticiasdn

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