Es una de las grandes preguntas existenciales –frente a otros más banales, como el “¿y tú de qué vas?”– que sitúa a cada cual en su lugar. Su lugar en el mundo o fuera de él. ¿Y tú adónde vas? Adónde vas, se sobreentiende, de vacaciones. Quien tiene un lugar en el mundo, una posición resuelta en él, ya saben la respuesta a tan trascendental pregunta. De hecho, lo que diferencia a quienes tienen un lugar en el mundo de los que no lo tienen es que, mientras los primeros no cesan de hacerse tan vital pregunta para encontrar una respuesta a su debido tiempo, los segundos ni llegan a planteársela. Quien dude de qué responder ante tan crucial pregunta ya puede empezar a hacerse preguntas no menos fundamentales, cómo qué habrá hecho mal o si no estará en la exclusión social. Pero viniendo a ras de tierra, el “¿y tú adónde vas?” podría ser el lema de la última campaña vial del Ayuntamiento de Pamplona y el Gobierno de Navarra. En ella vemos a una insensata anciana, al borde de quedar fuera del mundo: cruzando un paso de peatones a falta de una eternidad para que el semáforo se ponga en verde. El mensaje de la campaña dice: “El 100% de los muertos en accidentes de tráfico en Pamplona son peatones”. El mensaje no entra en qué culpa tienen en eso los no peatones y sigue así: “Cruza siempre por los pasos de peatones, mira a ambos lados de la calzada y espera a que el semáforo esté en verde”. El mensaje, pues, da por sentado que el peatón se la busca y de varias maneras: cruza por donde no debe, no mira adónde va, pasa a destiempo y luego pasa lo que pasa. ¿Qué es lo que pasa? Pasa que el mundo es así y que los autores de la campaña ni consideran la posibilidad de que el mundo sea otro: el mundo es de los automovilistas que tienen en él una posición resuelta, dominante, y mejor que el peatón ni se pregunte por qué los semáforos son tan generosos con los automovilistas y tan cicateros con él: tan sólo debe preguntarse adónde rayos va, de esa manera, en un mundo no hecho a su medida.

Publicado en Diario de Noticiasdn

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