Mientras el hombre más viejo de Atapuerca mostraba involuntariamente sus caries en toda la prensa de ayer, un patrono de la Fundación Arte Viva Navarra nos enseñaba voluntariamente en este periódico qué es la posmodernidad. Empezaba el patrono y catedrático de la Universidad Pública de Navarra por señalar que los materiales de la exposición Navarra, un futuro entre todos aspiraban a constituir un corpus inmaterial que rebasase el concepto mismo de exposición y nos encaminase –todos juntos en unión– a la conquista del futuro. Vamos, como la Exposición de los Inmateriales de 1985 en el Beaubourg, hito máximo de la posmodernidad. De aquella exposición que al final no fue nada, Azúa escribió: “Todo está perdido de vídeos, transparencias, hologramas, proyecciones, láser, juegos electrónicos y fuegos artificiales inmateriales, es decir, fatuos”. Y venía a añadir el cronista que, fastuosidades y fatuidades aparte, todo estaba perdido de discurso del poder en celebración de sí mismo y de lo que hay. ¿Qué es lo que hay? Hay lo que Adorno vio a la salida de la modernidad: una época en la que aquél que señale la oscuridad será calificado de oscurantista. El patrono iba ayer más lejos y calificaba a quienes se hacen eco de las oscuridades de la exposición de vengativos, revanchistas, amén de asesinos de las ideas y moralmente de las personas. He ahí il pensiero debole en acción, o mejor dicho, la posmoderna ausencia de pensamiento con las caries a la vista. Atrás queda no ya Atapuerca sino Roma, donde según Gibbon al menos se podía criticar –siquiera retrospectivamente– a aquel emperador que resolvía los asuntos molestos matando a los portadores de malas noticias. Atrás queda el emperador Cómodo. No tan atrás el más posmoderno Vespasiano, al que ya se sabe que el dinero no le olía ni bien ni mal. Lo mismo que a nuestro posmoderno patrono no le huele ni bien ni mal lo que Comptos diga sobre el gasto de caudales públicos por procedimientos poco regulares y menos trasparentes. La posmodernidad fue –se ve que todavía es– inmaterial, oscura y sobre todo inodora.

