Ocupados nuestros medios en no perder ripio de lo que antecedió y siguió al que ya ha sido declarado “debate del siglo”, no cabía esperar de ellos un artículo como el que publicó el otro día el principal periódico francés, titulado así: “La vida sin red de una familia española de nivel medio en un Estado social débil”. Si hay que creer al periódico parisino, por estos pagos “gozamos” de uno de los gastos sociales más modestos de la zona euro (20,3% del PIB). De hecho, sólo en Irlanda “disfrutan” de un gasto social todavía menor. Así las cosas y con las cargas originadas por esa falta de gasto social, la vida de algunos millones de ciudadanos es un vivir en la cuerda floja y sin red. A lo publicado por Le Monde se puede añadir lo que el martes pasado publicaba este periódico: “El 24% de los niños españoles vive al filo de la pobreza, uno de los peores datos de la UE”, y ya van dos datos bastante malos. Traducido el titular a la lengua que habla el pueblo a su vecino: una cuarta parte de nuestros niños vive en la cuerda floja, al borde del abismo y sin red. Comentado hasta la extenuación ha sido el ideal de niña española con el que sueña don Mariano Rajoy. Por desgracia, los comentaristas de prensa, radio y televisión no han tenido mucho que comentar sobre las medidas urgentes que en materia de gasto social aplicará el candidato para ir desde los niños reales –los del anterior titular– a la niña de sus sueños. Tampoco ha habido mucho que comentar de las propuestas concretas lanzadas por su contrincante en esa misma materia. Excluyo, lógicamente, las muy comentadas tracas preelectorales –¡cuatrocientos euros!, ¡tropecientosmil árboles!– que uno y otro candidato lanzaron desde la barraca del maño en que se convirtió la precampaña. En ésas –en esa barraca y esas cabriolas– siguen nuestros funambulistas, con toda la atención de la afición puesta en el partido de vuelta. Cuánta emoción. Toda la que no hay en quienes seguirán caminando día a día por la cuerda floja y sin red.

