Habrá cosas que la Cámara de Comptos no nos puede decir. Tampoco el Parlamento. Ejemplo: ¿existía alguna relación de parentesco entre el comisario de la exposición Navarra, un futuro entre todos y la que fuera directora de la oficina del comisario? Que existiera o no tal relación tiene un interés menor, es lo de menos política y económicamente hablando: no hablamos más que de la fundición de 60.000 euros en un procedimiento viciado desde el origen y con un coste final para el contribuyente cercano a los 4 millones; pero, algún interés tiene, siquiera sea sociológico, “medioambiental”, “antropológico”. Igualmente no es de gran interés saber de qué manera el vicio de origen en el procedimiento gubernamental –vicio por el que el Gobierno de UPN, Sodena mediante, encargó a la hasta entonces inédita e insólita Fundación Arte Viva Navarra la organización de aquella exposición de autobombo partidista–, terminaría de la familiar y endogámica manera que es pública y notoria: a saber, con el insigne arquitecto don José Pucho Vallejo –entre otras relevantes autoridades del mundo de la construcción–, a la sazón marido de la vicepresidenta del partido gobernante y alcaldesa de Pamplona, en el patronato navarro de esa fundación –de tanto crédito y predicamento en Brasil– que efectivamente fundió y con qué solvencia el efectivo contado ahora por Comptos. Comptos dirá y con razón que faltó patrocinio, fuese por imprevisión gubernamental, por prisa propagandística o por ambas cosas. Lo que a todas luces no faltó es patronato. Ni faltó patronato ni patronazgo. Para muestra, un botón: apadrinado por quien ni Comptos ni el Parlamento entrarán a dilucidar, el señor Vallejo amaneció patrono, igual que Arbeloa –esa bocina moral y martillo de progres– se despertó con lo puesto, un puesto y un presupuesto que, insisto, es lo de menos, aunque algún interés tiene para la sociología, el “medioambiente” o la “antropología” de la cosa nuestra, la cosa foral, la cosa navarrorum.

