Hagamos el siguiente ejercicio mental: miremos fijamente la fotografía donde el candidato socialista al Congreso, Juan Moscoso del Prado, aparece en primera fila entre los asistentes a la conferencia que la estrella radiofónica Carlos Herrera dio, obsequió o propinó a la afición pamplonesa el pasado miércoles. La estrella, según la crónica de la propia organización, estuvo sembrada, como se esperaba. Como era previsible, el comunicador adoptó el papel de torero profesional y en la foto saluda al respetable con una montera imaginaria. “¡Ole!”, responde la afición al unísono, con una cerrada salva de aplausos. Y ahí está, risueño y aplaudiendo al diestro comunicador, el candidato socialista al Congreso. Mirémosle fijamente. Mirémosle fijamente hasta que las facciones de su rostro comiencen a desvanecerse y en su lugar vayan apareciendo los rasgos faciales del candidato por UPN, Santiago Cervera Soto. ¿Lo vemos? Yo no dudo de que uno y otro candidato tengan convicciones tan profundas que les impiden estar en el lugar del otro, pero son gente tan profesional, con tantas tablas en el ruedo político –pese a su juventud–, que a la afición no nos cuesta mucho esfuerzo olvidar sus profundas convicciones y ponerlos en el lugar del contrincante. Más fácilmente, podemos intentar el ejercicio mental de ver al candidato al Senado, Carlos Chivite, en el papel de la alcaldesa de Pamplona, Yolanda Barcina, y viceversa. Más fácilmente porque a simple vista no hay mucha diferencia entre esquivar primero la foto con ese otro torero de raza que es Aznar para luego acompañarle por la puerta de atrás, como esta semana hizo Barcina, y cargar contra Aznar, como por su parte hizo Chivite, a la par que se sostiene en el Gobierno de Navarra a sus socios políticos, sean los que acudieron a aplaudirle según entraba por la puerta grande, sean los que fueron a despachar con él cuando salía por la de atrás. Mentalmente no cuesta nada imaginar el partido único: el de los diestros de la torería.

