Napoli, Napoli, Napoli.
La mala arquitectura, valga la casi redundancia. Casi redundancia, porque como se dice en la última película de Abel Ferrara –algo entre lo documental y la ficción sobre la vida en las barriadas y las prisiones de Nápoles–, la mayor parte de las edificaciones reales donde los simples mortales hemos de habitar, trabajar, descansar y volvernos a cansar es arquitectura de juzgado de guardia. Peor aún: es arquitectura que no se ha podido llevar al juzgado, pues haría falta el informe pericial de al menos un arquitecto distinto al que dirigió la obra y con la Iglesia –con la corporación, con la piña gremial– hemos topado. En Burlada, por esas calles alrededor del ayuntamiento –hablo de esas calles a las que, según proclama ahora la nueva historiografía carlista, los franquistas pusieron nombres antifranquistas sin saberlo, pues ni sospechaban que los requetes estuvieran contra Franco–, por esas calles a las que hace poco cambiaron de nombre hay mucha arquitectura “napolitana”: una cruda prolongación de la vida fabril o una fea antesala de la colonia penitenciaria. Y en tan “napolitano” entorno surgió no hace ni una legislatura completa un nuevo edificio consistorial que, además de presentarse como arquitectura moderna, parecía arquitectura sostenible y ecológica. Vana ilusión. El edificio tenía lo que eufemísticamente se ha llamado “importantes problemas de confort térmico” que hacen dura la vida dentro del mismo. Como nadie reconoce ni menos asume la menor responsabilidad en semejante desaguisado, a los contribuyentes nos queda poco más que pagar a escote el precio, no precisamente barato, de un próximo intento de subsanar los errores de concepción del edificio. Por lo demás, nos queda pagar igualmente a escote y sin rechistar la parte de los presupuestos públicos destinados, en medio de la pertinaz sequía presupuestaria en materia cultural, a patrocinar la alta cháchara intelectual sobre arquitectura ideal –ese bien tan escaso– promovida por Mangado y allegados.
Publicado en Diario de Noticias
