Probablemente, la persona con menos vergüenza de la historia navarra del siglo XXI y parte del XX (desde que se apropió de los desvanes de su edificio para hacer un ático de lujo al desembarco en Moviestar +, pasando por las dietas de la CAN luego trasmutadas en complemento gubernamental). Mintió hasta el último segundo, cuando declaro que salía limpiamente (sin puerta giratoria) de la política, camino de su trabajo de hace un cuarto de siglo. Y cómo le aplaudieron durante todos esos años. Qué vergüenza de aplaudidores. Dan tanta vergüenza como la que nunca la conoció.

 

 

Si bien es cierto que a finales del siglo XX y principios del XXI tuvo mucha y muy dura competencia:

Miguel Sanz (sus consejos giratorios de administración, tras su paso por la presidencia de Navarra y por la CAN), en el acto de nombrar a Vargas Llosa Bodeguero Mayor del Reino.

 

 

Sanz: (gran) vida después del mutis político.

 

Un fervoroso palmero del reino.

 

Ah, inolvidable el día en que, José Luis Barbería, en El País, la convirtió en una hablante desenvuelta de la lengua de Shakespeare, pese a las rotundas evidencias en sentido contrario:

 

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