Nueve de la mañana y aquí tenemos la primera llamada basura del día: “Don Javier, ¿qué le parecería a usted, por la mitad de precio que paga a su actual compañía telefónica, tener una conexión a internet de 20 megas, un antivirus gratuito y una Biblia en hebreo de regalo?”. Hay días en los que el tal don Javier recibe hasta cuatro llamadas basuras, por lo que ha desarrollado una serie de filtros anti-spam para repeler frontalmente las llamadas indeseadas. Los filtros los aplica según tenga el día más o menos hablador. Esta mañana don Javier se ha levantado de lo más predispuesto a parlamentar con el enemigo, por lo que se lanza a responder locuazmente al desconocido comunicante que llama desde un teléfono no identificado ni identificable: “Me parecería estupendo; pero, habida cuenta de la distancia de la central desde la que ustedes van a prestarme sus servicios y el deplorable estado del cable de par trenzado por el que la señal llega hasta mi domicilio, con un ruido de echarse a temblar y una atenuación que ni le cuento, mucho me temo que ustedes no van a estar en condiciones de darme más de 2 megas contantes y sonantes, lo que por ese precio no es que sea una ganga”. El desconocido comunicante titubea, afirma que va a evacuar consultas técnicas y que luego llama. Por descontado que no llama más. Pero un clon suyo atacará a los dos o tres días con la misma o parecida oferta basura. Las llamadas basura, como el correo basura y la ahora conocida como “correspondencia comercial”, antes buzoneo publicitario, son imparables y lo infectan todo. La optimista rueda de prensa dada el otro día por la vicepresidenta del Gobierno y el presidente de Telefónica, según la que la Sociedad de la Información va que chuta, no puede tomarse, visto el estado de los cables y el desorbitado precio que se cobra para que por ellos circule algo a trancas y barrancas, más que como información basura. De hecho, cabe preguntarse si existe vida más allá de la comunicación basura.

Publicado en Diario de Noticiasdn

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