Con pólvora del Rey, ¡Dios qué buenos cañonazos se tiran! Y con pólvora del Reyno, qué bonitos saraos se organizan. Encantadora velada, según rezaban ayer las crónicas, la celebrada en Madrid –con el ameno propósito de confraternizar– a instancia de nuestra delegación diplomática en la Villa y Corte. Sí, la misma delegación que un día encabezara el hoy felizmente jubilado don Ricardo de León, aquel humanista que a falta de mayores ocupaciones, distraía sus ocios en la dedicación a las obras pías. Amén del consejero del ramo, hizo gala de su siempre grata presencia en la alta reunión la hoy directora general de Relaciones Institucionales, señora doña María Dolores Eguren, que en tiempos del inquieto don Ricardo era directora del Servicio de Participación en la Construcción Europa, cosa ésta, la construcción europea, que avanzó hasta cotas nunca antes vistas merced a sus impagables servicios. Lo de “impagables”, claro está, es una concesión por mi parte a las convenciones idiomáticas: los servicios de la señora Eguren, como los del director de cualquier otro servicio o negociado, o como los del cualquier alto funcionario cesante, son perfectamente pagables y puntualmente pagados, por más decorativo que sea el órgano o más anquilosada que se encuentre la función. Y así, entre altísimos funcionarios de gratísima presencia en cualquier sarao; entre cesantes de altísima y muy larga remuneración; entre los numerosos servicios y negociados forales en los que hay más jefes que indios, por no hablar de esos servicios y negociados donde sólo hay jefes melancólicos, sin indios que capitanear; así, digo, y por aquello de que el Reyno –donde el talento nunca deja de ser reconocido– siempre paga a sus fieles y sacrificados jefes; así nos sale la cuenta del Gran Sanz por la que cada feliz mortal afincado en Navarra paga al Erario en concepto de personal administrativo el doble de lo que cualquier infeliz guipuzcoano: unas 300.000. Son las delicias del Reyno y sus encantadores veladas.

Publicado en Diario de Noticiasdn

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