Para entendernos pronto: por fariseo se entiende a aquel que, como Miguel Sanz en el caso del aborto, proclama ceñirse a la observancia de los preceptos, cuando sus obras manifiestamente contrarían el espíritu de los mismos. Sólo un fariseo podía ser capaz de obrar el prodigio de que en Navarra se cumpla rigurosamente la ley del aborto, a la par que el Reyno resulta ser el territorio de excepción donde no se verifica ningún supuesto legal de interrupción del embarazo. Más aún: el fariseísmo de nuestro Sanz –ese demócrata convencido, que a diferencia de Chávez no necesita reformar la Constitución para eternizarse en el Gobierno– protege la objeción de conciencia sin que el ejercicio de la misma comporte prestación sustitutoria alguna. Cosa distinta al fariseo es el filisteo. El filisteo es la persona roma, pero de sentido acomodaticio, que se conforma con lo que hay porque a ver con qué vamos a estar mejor que con lo que tenemos. El filisteo es el señor José Andrés Burguete diciendo en el Parlamento que la paradójica situación del aborto sostenida por el fariseísmo de sus socios de UPN, «es el marco en el que nos sentimos cómodos» , y aquí –en el escaño– nos las den todas. Fideísta es el que, por fe, no ve necesidad de entrar en razones o argumentaciones y se limita a repetir lo que el fariseo, aunque con más énfasis y algún que otro golpe de pecho. Fideísta es la señora Kutz, repitiendo con fe ciega lo que sobre el aborto en Navarra haya dicho Miguel Sanz, pero ya un poco alterada por las cargantes razones, en este caso de la mayoría de parlamentarios. Funámbulo es el acróbata que hace habilidosos ejercicios –gimnásticos o retóricos– en la cuerda o el alambre. Como funámbulos quedarán los de la mayoría parlamentaria en lo que se refiere al aborto si no van más allá en la iniciativa que les compete y sus mociones del pasado miércoles no sirven más que para poner de manifiesto lo que de sobra conocemos: el fariseísmo, filisteísmo y fideísmo del Gobierno en ese asunto.

Publicado en Diario de Noticias
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