Nos vamos. La infame turba de los columnistas, digo. Pero no hay que preocuparse. No les faltará lectura, ni menos entretenimiento. Dada la ola de suspense que nos invade, es de suponer que seguirán de imaginaria los quintacolumnistas de guardia. Me refiere a esos maestros del idioma para los que, por ejemplo, el encuentro entre PSN y NaBai, a más de 100 kms de la capital del Reyno, constituyó un arrabalero y secreto espanto, mientras que el encuentro reservado habido unos pocos días antes, a más de 400 kms de aquí, entre los señores Sanz y del Burgo y el Secretario de Organización del PSOE, discurrió como una discreta, cordial y natural toma de contacto. Sobre todo natural, porque ya dijo el filósofo que la naturaleza no da saltos, esto es, que no está por los cambios. Puesto que a la naturaleza, o a eso que los quintacolumnistas consideran el curso natural de las cosas, no le gustan los cambios, al conglomerado indisoluble que las derechas forman hoy en España, y en el que cabe desde la boina calada de un tradicionalista al sombrero de ala ancha de un liberal de siempre –pasando por la mitra de los obispos y demás sombreros del clero secular–; al conglomerado de las derechas se le conoce como la “mayoría natural”, gane o no las elecciones, mientras que cualquier intento de acuerdo o pacto programático frente a la llamada mayoría natural es de inmediato fulminado por el quintacolumnismo –natural como el agua que lleva– como un engendro “contra natura”, producto de una imposible sopa de letras o macedonia de siglas, fraguado de modo vergonzante e inconfesable, y llamado a estrellarse antes o después contra la obstinada marcha de los acontecimientos, tan naturales ellos. Permanezcan atentos a los acontecimientos, que últimamente discurren con mucho suspense, para sobresalto de la naturaleza. Y no se pierdan la ingente cantidad de buena literatura que origina la sola sospecha de que el curso natural de las cosas pueda torcerse. Nos vamos. Visto está que no se quedan solos.
