A esta hora –ya tardía– en que escribo no veo a Miguel Sanz en el debate de los candidatos a la presidencia del Gobierno que discurre en el televisor. No habrá querido rebajarse a contrastar sus ideas con las de cualquiera. A esta hora en que escribo, se masca la inminencia, se nota cierto nerviosismo y, si además Miguel Sanz escurre el bulto, no se van a oír ya muchas tonterías más, aunque alguna traca final tendrá que estallar. Lo que va a ser difícil ya es oír tonterías a la altura de las que se han escuchado, y a qué precio, en el Congreso Internacional Vive las Verduras, organizado por el Gobierno de Navarra y celebrado en el Baluarte durante esta semana que se va. A falta de la foto electoral con Vargas Llosa en el congreso barojiano que no pudo ser, hemos tenido la foto de Sanz con un filósofo de la talla de Ferran Adrià. La foto fue en la entrega del Premio Internacional de Gastronomía Reyno de Navarra, de reciente, si no de electoral creación. El premio, cercano a los siete millones de las antiguas pesetas, era apetitoso, así que el señor Adrià y otros filósofos de casi su talla, disertaron con entusiasmo en las exóticas jornadas de la verdura y la arquitectura sobre la deconstrucción e inconstrucción de la lenteja, para llegar a la estimulante conclusión de que la verdura autóctona ha de ser nuestro Guggenheim. Después, como bonito colofón o broche de oro a las jornadas, el conocido filósofo catalán se hizo una foto de cerca de siete millones de pesetas con el candidato que, lógicamente, después de tratar con intelectuales de esa talla, no se rebaja a ir a un debate televisivo cualquiera. Adrià fuese y no hubo más. No preguntaré por el precio del congreso, porque aún estoy esperando el de la manifestación gubernamental que organizó el candidato ausente del debate. Tampoco espero ya más detalles de los gastos –preelectorales– de la fastuosa exposición del comisario Arbeloa en ese templo del saber filosófico que es el Baluarte. Sólo espero la traca final.

Publicado en Diario de Noticiasdn