Ahora que la media de velocidad alcanzada por el presidente Sanz en su supersónico viaje a ras de suelo da de qué hablar, cómo no acordarse de los Ilegales hacia 1984. Recuerdo que la canción de la que ahora nos acordamos â??aquella de â??soy un macarra, soy un hortera, voy a toda hostia por la carreteraâ?�â??, estaba en su segundo LP, Agotados de esperar el fin. No sé si la gracia fanfarrona de Sanz â??la de haberse puesto en Allo en 20 minutos, a una media de 156 km/h, para lo que en algún momento tendría que rebasar los 200â?? es un síntoma de su próximo fin como presidente de â??los buenos navarrosâ?�. Los buenos navarros serán hoy los que le rían la gracia. A los malos nos queda pagar a escote el combustible quemado en su meteórico trayecto, así como las manifestaciones gubernamentales que organiza â??de cuyo importe seguimos sin la menor nociónâ??. Nos queda eso y no reírle sus tristes gracias. La gracia de Sanz â??â??no nos ha parado la policíaâ?� (risas de los buenos navarros que acudieron al mitin para celebrar su humor, más siniestro que negro)â?? es tan triste como las gracias sin chiste del que fuera presidente de todos los â??buenos españolesâ?�. A las tristes gracias de Aznar sobre el vino y la velocidad me refiero, sí. Esas siniestras gracias que le rieron los buenos bodegueros. Por lo demás, la gracia con que Aznar se ha zambullido en la práctica de idiomas, no dista mucho del propósito expresado por Sanz en campaña electoral de convertirnos a todos â??buenos y malos navarrosâ??, caso de guiar en una próxima legislatura nuestros designios, en un poco más british. Como si ese fuera â??véase el deplorable ejemplo de Aznarâ?? nada más que cuestión de desparpajo y desfachatez. En cuanto a desfachatez, Sanz ha llegado hace rato al punto alcanzado por Aznar en su patético papel de presidente despresidenciado. Y visto lo desgraciado de su presunta gracia, no nos queda más que recordar a los Ilegales: aburridos de esperar el fin, quieran los dioses misericordiosos que no por siempre.
