{"id":48558,"date":"2026-05-26T21:38:57","date_gmt":"2026-05-26T19:38:57","guid":{"rendered":"https:\/\/www.edder.org\/?p=48558"},"modified":"2026-05-27T15:47:04","modified_gmt":"2026-05-27T13:47:04","slug":"por-que-permanecemos-en-la-provincia-por-martin-heidegger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.edder.org\/?p=48558","title":{"rendered":"Por qu\u00e9 permanecemos en la provincia, por Martin Heidegger"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1248px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_3 1_3 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:33.333333333333%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:5.76%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:5.76%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-separator fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:43px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-image-element\" style=\"--awb-caption-title-font-family:var(--h2_typography-font-family);--awb-caption-title-font-weight:var(--h2_typography-font-weight);--awb-caption-title-font-style:var(--h2_typography-font-style);--awb-caption-title-size:var(--h2_typography-font-size);--awb-caption-title-transform:var(--h2_typography-text-transform);--awb-caption-title-line-height:var(--h2_typography-line-height);--awb-caption-title-letter-spacing:var(--h2_typography-letter-spacing);\"><span class=\" fusion-imageframe imageframe-none imageframe-1 hover-type-none\"><img decoding=\"async\" width=\"809\" height=\"809\" title=\"heidegger4\" src=\"https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4.png\" data-orig-src=\"https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4.png\" alt class=\"lazyload img-responsive wp-image-48546\" srcset=\"data:image\/svg+xml,%3Csvg%20xmlns%3D%27http%3A%2F%2Fwww.w3.org%2F2000%2Fsvg%27%20width%3D%27809%27%20height%3D%27809%27%20viewBox%3D%270%200%20809%20809%27%3E%3Crect%20width%3D%27809%27%20height%3D%27809%27%20fill-opacity%3D%220%22%2F%3E%3C%2Fsvg%3E\" data-srcset=\"https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4-200x200.png 200w, https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4-400x400.png 400w, https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4-600x600.png 600w, https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4-800x800.png 800w, https:\/\/www.edder.org\/upload\/2026\/05\/heidegger4.png 809w\" data-sizes=\"auto\" data-orig-sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, (max-width: 640px) 100vw, 400px\" \/><\/span><\/div><div class=\"fusion-separator fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:14px;width:100%;\"><\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-1\" style=\"--awb-font-size:18px;\"><p style=\"text-align: center;\">Martin HEIDEGGER<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_2_3 2_3 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:66.666666666667%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:2.88%;--awb-margin-bottom-large:20px;--awb-spacing-left-large:2.88%;--awb-width-medium:100%;--awb-order-medium:0;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-order-small:0;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-column-has-shadow fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-2\" style=\"--awb-font-size:23px;\"><p><span class=\"fusion-dropcap dropcap\" style=\"--awb-color:#325100;\">E<\/span>n una escarpada cuesta de un amplio y alto valle de la Selva Negra se levanta un peque\u00f1a caba\u00f1a de esquiadores (<em>kleine Skihutte<\/em>) a una altitud de 1150 metros sobre el nivel del mar. Su planta mide de seis a siete metros. El bajo techo recubre tres cuartos: la cocina, el dormitorio y un gabinete de estudio. En el angosto fondo del valle y en la ladera opuesta, igualmente abrupta, yacen dispersos los caser\u00edos de los campesinos, solidamente emplazadas, con el gran techo que pende sobre ellos. M\u00e1s arriba se extienden las praderas y las tierras destinadas a pastos, las dehesas, hasta el bosque con sus viejos, enhiestos y negros abetos. Todo lo domina un claro cielo soleado en cuyo espacio resplandeciente dominan dos azores\u00a0 que trazan c\u00edrculos.<\/p>\n<p>Este es mi mundo de trabajo (<em>Arbeitswelt<\/em>) visto con los ojos contemplativos del visitante o del veraneante. Yo mismo nunca me paro a mirar el paisaje. Siento su transformaci\u00f3n continua, de d\u00eda y de noche, en el gran ir y venir de las estaciones. La pesadez de la monta\u00f1a y la dureza de la roca primitiva y ancestral, el crecimiento contenido de los abetos, el lujo luminoso y sencillo de los prados florecientes, el murmullo del arroyo de la monta\u00f1a, la <span style=\"color: #ff0000;\">austera simplicidad<\/span> de los llanos totalmente recubiertos de nieve; todo eso se agolpa y vibra all\u00e1 arriba a trav\u00e9s de la existencia diaria (<em>das t\u00e4gliche Dasein<\/em>). Y, de nuevo, esto no ocurre en los instantes deseados de una inmersi\u00f3n gozosa o de una compenetraci\u00f3n artificial, sino solamente cuando la <span style=\"color: #ff0000;\">propia Existencia<\/span> (<em>das eigene Dasein<\/em>) se encuentra en su <span style=\"color: #ff0000;\">propio Trabajo<\/span> (<em>Arbeit<\/em>). Solo el trabajo abre el \u00e1mbito de la realidad de la monta\u00f1a. La marcha del trabajo (<em>Der Gang der Arbeit<\/em>) trascurre hundida en el acontecer del paisaje.<\/p>\n<p>Cuando en la profunda noche del invierno una furiosa tormenta de nieve brama sacudi\u00e9ndose en torno a la caba\u00f1a (<em>die H\u00fctte<\/em>) y oscurece y oculta todo, entonces es la hora propicia de la filosof\u00eda. Su preguntar debe tornarse entonces <span style=\"color: #ff0000;\">sencillo y esencial<\/span>. La elaboraci\u00f3n de cada pensamiento no puede ser sino a<span style=\"color: #ff0000;\">rdua y severa<\/span>. El <span style=\"color: #ff0000;\">esfuerzo por acu\u00f1ar las palabras<\/span> se parece a la resistencia de los erguidos abetos contra la tormenta.<\/p>\n<p>Y es as\u00ed que el trabajo filos\u00f3fico no discurre como una especie de ocupaci\u00f3n apartada de un extra\u00f1o, sino que tiene una \u00edntima relaci\u00f3n con el trabajo del campesino (<em>die Arbeit der Bauern<\/em>). Mi trabajo se asemeja al del joven campesino cuando sube la pendiente remolcando el trineo de monta\u00f1a y luego, una vez bien cargado con le\u00f1os de haya, lo dirige a su caser\u00edo en peligroso descenso; al pastor cuando con su andar lento y meditabundo arrea su ganado pendiente arriba; al del campesino cuando en su granja dispone en forma adecuada las innumerables tablillas para su techo. All\u00ed arraiga su inmediata pertenencia (<em>unmittelbare Zugeh\u00f6rigkeit<\/em>) a los campesinos.<\/p>\n<p>El hombre de la ciudad (<em>St\u00e4dter<\/em>) piensa que se \u00abmezcla con el Pueblo\u00bb (<em>unter das Volk<\/em>) tan pronto condesciende a entablar una larga conversaci\u00f3n con un campesino. Por las tardes, cuando durante la pausa del trabajo me siento con los campesinos en torno de la estufa o en la mesa junto al rinc\u00f3n donde est\u00e1 la imagen del Se\u00f1or, casi nunca hablamos. Fumamos nuestras pipas en silencio. Que el trabajo se termina en el bosque, que en la noche anterior se meti\u00f3 una marta en el gallinero, que posiblemente ma\u00f1ana una vaca parir\u00e1, que el campesino Oehmi ha tenido un ataque, que el tiempo pronto \u00abcambiar\u00e1\u00bb. La \u00edntima pertenencia (<em>innere Zugeh\u00f6rigkeit<\/em>) del propio trabajo a la Selva Negra y sus hombres viene de un <span style=\"color: #ff0000;\">centenario arraigo Suabo-Alem\u00e1n<\/span> (<em>alemannisch-schw\u00e4bischen Bodenst\u00e4ndigkeit<\/em>) al suelo, a la tierra que nada puede reemplazar.<\/p>\n<p>Al hombre de la ciudad una estancia en el campo, como se dice, a lo m\u00e1s lo \u00abestimula\u00bb (<em>angeret<\/em>). Pero la totalidad de mi trabajo est\u00e1 sostenida y guiada por el mundo de estas monta\u00f1as y sus campesinos. Ahora, mi trabajo all\u00e1 arriba se ve interrumpido a menudo por largas p\u00e9rdidas de tiempo debido a tr\u00e1mites, viajes para dictar conferencias, discusiones y la actividad docente de aqu\u00ed abajo. Pero tan pronto retorno arriba se aglomera, ya desde las primeras horas de estancia en mi refugio, todo el mundo de <span style=\"color: #ff0000;\">las antiguas preguntas<\/span> y, por cierto, en el mismo lugar donde las dej\u00e9. Sencillamente soy trasportado al ritmo propio del trabajo y, en el fondo, no domino en ning\u00fan caso su ley oculta (<em>inneres Gesetz<\/em>). Los hombres de la ciudad se maravillan a menudo de este quedarme solo tan largo y mon\u00f3tono entre los campesinos y las monta\u00f1as. Sin embargo, esto no es ning\u00fan mero y simple quedarme solo: pero s\u00ed soledad. En verdad en las grandes ciudades el hombre puede quedarse solo como en ning\u00fan otro lugar. Pero all\u00ed nunca puede estar a solas. Pues la <span style=\"color: #ff0000;\">aut\u00e9ntica<\/span> soledad tiene la <span style=\"color: #ff0000;\">fuerza primigenia<\/span> (<em>ureigene Macht<\/em>) que no nos a\u00edsla, sino que arroja a la totalidad de la Existencia (<em>Dasein<\/em>) del hombre en la extensa vecindad de la Esencia de todas las cosas (<em>des Wessens aller Dinge<\/em>).<\/p>\n<p>Es posible convertirse fuera de all\u00ed en una \u00abestrella de cine\u00bb (<em>Ber\u00fchmtheit<\/em>) en un instante mediante los peri\u00f3dicos y las revistas. Este es siempre, por cierto, el camino m\u00e1s seguro por el que el <span style=\"color: #ff0000;\">sentimiento m\u00e1s aut\u00e9ntico<\/span> sucumbe al malentendido y llega al olvido profunda y r\u00e1pidamente.<\/p>\n<p>Por el contrario, la memoria campesina (<em>b\u00e4uerliche Gedenken<\/em>) tiene su fidelidad (<em>Treue<\/em>) sencilla, segura, oculta e inaccesible. Hace poco le lleg\u00f3 la hora de su muerte a una campesina all\u00e1 arriba. Conversaba conmigo a menudo y de buena gana, y me ense\u00f1aba viejas historias del pueblo. En su <span style=\"color: #ff0000;\">lenguaje en\u00e9rgico<\/span> y lleno de im\u00e1genes conservaba todav\u00eda muchas <span style=\"color: #ff0000;\">palabras viejas<\/span> y diversas sentencias que hab\u00edan llegado a ser ininteligibles para los actuales j\u00f3venes de nuestro pueblo y, as\u00ed, han desaparecido del lenguaje vivo. Todav\u00eda el a\u00f1o pasado, cuando yo viv\u00eda semanas enteras en mi refugio, esta campesina, con sus 83 a\u00f1os, sub\u00eda a menudo la empinada cuesta que conduce a \u00e9l. Quer\u00eda ver, como dec\u00eda, si yo todav\u00eda estaba all\u00ed y si no me hab\u00eda robado de improviso alg\u00fan duende. La noche que muri\u00f3 la pas\u00f3 conversando con sus parientes y, hora y media antes de su fin, envi\u00f3 todav\u00eda un saludo al \u2018Se\u00f1or Profesor\u2019 (<em>Herrn Profesor<\/em>). Tal recuerdo vale incomparablemente m\u00e1s que el m\u00e1s h\u00e1bil <em>reportaje<\/em> de un peri\u00f3dico de circulaci\u00f3n mundial (<em>Weltblatt<\/em>) sobre mi pretendida filosof\u00eda.<\/p>\n<p>El mundo de la ciudad (<em>st\u00e4dtische Welt<\/em>) est\u00e1 en peligro de sucumbir ante una falsa creencia (<em>Irrglauben<\/em>) corruptora. Una impertinencia muy ruidosa y muy activa y muy estetizante parece, a menudo, preocuparse por el mundo de los campesinos y su Existencia (<em>Dasein<\/em>). Pero con ello se niega precisamente lo que ahora solo hace falta: mantener la distancia de la existencia del campesino (<em>b\u00e4uerlichen Dasein<\/em>); abandonar, ahora m\u00e1s que nunca, a la existencia del campesino a su ley interna; \u00a1fuera las manos!\u2026 para no arrastrar a la Existencia en una falsa <span style=\"color: #ff0000;\">habladur\u00eda de literatos sobre lo popular-racial<\/span> (<em>Volkstum<\/em>) y el amor a la tierra (<em>Bodenst\u00e4ndigkeit<\/em>). El campesino ni quiere ni necesita en ning\u00fan caso esta exagerada amabilidad del hombre de la Ciudad. Lo que ciertamente necesita y quiere es el tacto reservado respecto a su <span style=\"color: #ff0000;\">propia esencia<\/span> y a su propio modo de estar (<em>Eigenst\u00e4ndigkeit<\/em>). Pero muchos de los procedentes de la gran ciudad y de los turistas, y no en \u00faltimo t\u00e9rmino los esquiadores, se comportan a menudo en la aldea o en la granja del campesino como si se <em>divirtieran<\/em> en sus salones de entretenimiento y expansi\u00f3n de la gran ciudad. Tal ajetreo destruye en una sola noche m\u00e1s de lo que puede fomentar jam\u00e1s un adoctrinamiento cient\u00edfico de varios decenios sobre lo <span style=\"color: #ff0000;\">popular-racial<\/span> (<em>Volkstum<\/em>) y las costumbres del Pueblo (<em>Volkskunde<\/em>).<\/p>\n<p>Abandonemos toda intimaci\u00f3n condescendiente y todo falso culto de lo popular-racial (<em>Volkst\u00fcmelei<\/em>); aprendamos a tomar en serio all\u00e1 arriba aquella <span style=\"color: #ff0000;\">existencia sencilla y dura<\/span>. S\u00f3lo entonces nos podr\u00e1 decir algo.<\/p>\n<p>Hace poco recib\u00ed por segunda vez la llamada a la Universidad de Berl\u00edn. Con semejante motivo me retiro de la ciudad a mi refugio. Escucho lo que dicen las monta\u00f1as, los bosques y los caser\u00edos. Voy a ver a mi viejo amigo, un campesino de 73 a\u00f1os. En los peri\u00f3dicos ha le\u00eddo que Berl\u00edn me reclama. \u00bfQu\u00e9 voy a responder? Lentamente desliza la <span style=\"color: #ff0000;\">directa mirada<\/span> de sus ojos claros en los m\u00edos, mantiene los labios fuertemente apretados, coloca su mano <span style=\"color: #ff0000;\">fielmente firme<\/span> sobre mi hombro y sacude su cabeza de manera apenas perceptible. Esto quiere decir: \u00a1irrevocablemente no! (<em>unerbittlich nein!<\/em>).<\/p>\n<\/div><div class=\"fusion-text fusion-text-3\" style=\"--awb-font-size:17px;\"><p style=\"text-align: right;\">7 de marzo de 1934<\/p>\n<\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-2 fusion-flex-container has-pattern-background has-mask-background nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1248px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-2 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" 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