{"id":13000,"date":"2016-06-21T15:18:25","date_gmt":"2016-06-21T14:18:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.edder.org\/?p=13000"},"modified":"2023-03-15T23:02:10","modified_gmt":"2023-03-15T22:02:10","slug":"esperando-al-viento-del-crepusculo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.edder.org\/?p=13000","title":{"rendered":"Esperando al viento del crep\u00fasculo"},"content":{"rendered":"<p><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-1 fusion-flex-container nonhundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row fusion-flex-align-items-flex-start fusion-flex-content-wrap\" style=\"max-width:1248px;margin-left: calc(-4% \/ 2 );margin-right: calc(-4% \/ 2 );\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-0 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-flex-column\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-width-large:100%;--awb-margin-top-large:0px;--awb-spacing-right-large:1.92%;--awb-margin-bottom-large:0px;--awb-spacing-left-large:1.92%;--awb-width-medium:100%;--awb-spacing-right-medium:1.92%;--awb-spacing-left-medium:1.92%;--awb-width-small:100%;--awb-spacing-right-small:1.92%;--awb-spacing-left-small:1.92%;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-justify-content-flex-start fusion-content-layout-column\"><div class=\"fusion-text fusion-text-1\"><p style=\"text-align: center;\">\n<\/div><div class=\"fusion-video fusion-youtube\" style=\"--awb-max-width:1080px;--awb-max-height:608px;--awb-align-self:center;--awb-width:100%;\" data-autoplay=\"1\"><div class=\"video-shortcode\"><div class=\"fluid-width-video-wrapper\" style=\"padding-top:56.3%;\" ><iframe title=\"YouTube video player 1\" src=\"https:\/\/www.youtube.com\/embed\/r_caNBzzn0k?wmode=transparent&autoplay=0\" width=\"1080\" height=\"608\" allowfullscreen allow=\"autoplay; clipboard-write; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture;\"><\/iframe><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-separator fusion-full-width-sep\" style=\"align-self: center;margin-left: auto;margin-right: auto;margin-top:89px;width:100%;\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><div class=\"fusion-fullwidth fullwidth-box fusion-builder-row-2 hundred-percent-fullwidth non-hundred-percent-height-scrolling\" style=\"--awb-border-radius-top-left:0px;--awb-border-radius-top-right:0px;--awb-border-radius-bottom-right:0px;--awb-border-radius-bottom-left:0px;--awb-overflow:visible;--awb-flex-wrap:wrap;\" ><div class=\"fusion-builder-row fusion-row\"><div class=\"fusion-layout-column fusion_builder_column fusion-builder-column-1 fusion_builder_column_1_1 1_1 fusion-one-full fusion-column-first fusion-column-last fusion-column-no-min-height\" style=\"--awb-bg-size:cover;--awb-margin-bottom:0px;\"><div class=\"fusion-column-wrapper fusion-flex-column-wrapper-legacy\"><div class=\"fusion-text fusion-text-2\" style=\"--awb-font-size:21px;\"><table style=\"width: 800px;\" border=\"0\" cellspacing=\"1\" cellpadding=\"1\" align=\"center\">\n<tbody>\n<tr>\n<td style=\"width: 18px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 747px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 17px;\"><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 18px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 747px;\"><span style=\"font-size: 20px;\"><span style=\"color: #800000;\">O<\/span><\/span><span style=\"font-size: 16px;\"><span style=\"color: #800000;\">DISEO<\/span>:<\/span> O\u00edd mis palabras, amigos, aunque padezc\u00e1is tantos males, para que os revele los or\u00e1culos de Tiresias y de Circe de Eea, los cuales me encargaron reiteradamente que huyese de la isla de Helios, que alegra a los mortales, diciendo que all\u00ed nos aguarda el m\u00e1s terrible de los infortunios. Por tanto, encaminad el negro bajel por fuera de la isla.<\/p>\n<p>As\u00ed les dije. A todos se les part\u00eda el coraz\u00f3n, y Eur\u00edloco me respondi\u00f3 enseguida con estas airadas palabras:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\">EUR\u00cdLOCO:<\/span> Eres cruel, Odiseo, disfrutas de vigor grand\u00edsimo, y tus miembros no se cansan, y debes de ser de hierro, ya que no permites a los tuyos, molidos de la fatiga y del sue\u00f1o, tomar tierra en esa isla azotada por las olas, donde aparejar\u00edamos una agradable cena; sino que les mandas que se alejen y durante la r\u00e1pida noche anden a la ventura por el sombr\u00edo ponto. <span style=\"background-color: #ffff00;\">Por la noche se levantan fuertes vientos, azote de las naves<\/span>. \u00bfA d\u00f3nde iremos para librarnos de una muerte cruel si de s\u00fabito viene una borrasca suscitada por el <span style=\"background-color: #ffff00;\">Noto<\/span> o por el impetuoso <span style=\"background-color: #ffff00;\">C\u00e9firo<\/span>, <span style=\"background-color: #ffff00;\">que son los primeros en destruir una embarcaci\u00f3n hasta contra la voluntad de los soberanos dioses<\/span>? Obedezcamos ahora a la obscura noche y aparejemos la comida junto a la velera nave; y al amanecer nos embarcaremos nuevamente para lanzarnos al dilatado ponto.<\/p>\n<p>Tales razones profiri\u00f3 Eur\u00edloco y los dem\u00e1s compa\u00f1eros las aprobaron. Conoc\u00ed entonces que alg\u00fan dios meditaba causarnos da\u00f1o y, dirigi\u00e9ndome a aquel, le dije estas aladas palabras:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\"><span style=\"color: #800000;\">ODISEO<\/span>:<\/span> \u00a1Eur\u00edloco! Gran fuerza me hac\u00e9is porque estoy solo. Mas, ea, prometed todos con firme juramento que si damos con alguna manada de vacas o grey numerosa de ovejas ninguno de vosotros matar\u00e1, cediendo a funesta locura, ni una vaca tan solo, ni una oveja, sino que comer\u00e9is tranquilos los manjares que nos dio la inmortal Circe.<\/p>\n<p>As\u00ed les habl\u00e9; y enseguida juraron, como se lo mandaba. Apenas hubieron acabado de prestar el juramento, detuvimos la bien construida nave en el hondo puerto; cabe a una fuente de agua dulce; y los compa\u00f1eros desembarcaron, y luego aparejaron muy h\u00e1bilmente la comida. Ya satisfecho el deseo de comer y de beber, lloraron, acord\u00e1ndose de los amigos a quienes devor\u00f3 Escila despu\u00e9s de arrebatarlos de la c\u00f3ncava embarcaci\u00f3n; y mientras lloraban les sobrevino dulce sue\u00f1o. Cuando la noche hubo llegado a su \u00faltimo tercio y ya los astros declinaban, <span style=\"background-color: #ffff00;\">Zeus, que amontona las nubes, suscit\u00f3 un viento impetuoso<\/span> y una tempestad deshecha cubri\u00f3 de nubes la tierra y el ponto, y la noche cay\u00f3 del cielo.<\/p>\n<p>Apenas se descubri\u00f3 la hija de la ma\u00f1ana, Eos de ros\u00e1ceos dedos, pusimos la nave en seguridad, llev\u00e1ndola a una profunda cueva, donde las ninfas ten\u00edan asientos y hermosos lugares para las danzas. Acto continuo los reun\u00ed a todos en junta y les habl\u00e9 de esta manera:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\"><span style=\"color: #800000;\">ODISEO<\/span>:<\/span> \u00a1Oh amigos! Puesto que hay en la velera nave alimentos y bebida, absteng\u00e1monos de tocar esas vacas, a fin de que no nos venga ning\u00fan mal, porque tanto las vacas como las ping\u00fces ovejas son de un dios terrible, de Helios, que todo lo ve y todo lo oye.<\/p>\n<p>As\u00ed les dije, y su \u00e1nimo generoso se dej\u00f3 persuadir. <span style=\"background-color: #ffff00;\">Durante un mes entero sopl\u00f3 incesantemente el Noto, sin que se levantaran otros vientos que el Euro y el Noto<\/span>: y mientras no les falt\u00f3 pan y rojo vino, abstuvi\u00e9ronse de tomar las vacas por el deseo de conservar la vida. Pero tan pronto como, agotados todos los v\u00edveres de la nave, vi\u00e9ronse obligados a ir errantes tras de alguna presa \u2013peces o aves, cuanto les viniese a las manos\u2013, pescando con corvos anzuelos, porque el hambre les atormentaba el vientre. Yo me intern\u00e9 en la isla con el fin de orar a los dioses y ver si alguno me mostraba el camino para llegar a la patria. Despu\u00e9s de que, andando por la isla, estuve lejos de los m\u00edos, me lav\u00e9 las manos en un lugar resguardado del viento, y or\u00e9 a todos los dioses que habitan el Olimpo, los cuales infundieron en mis p\u00e1rpados dulces sue\u00f1os. Y en tanto, Eur\u00edloco comenz\u00f3 a hablar con los amigos para darles este nefasto consejo:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\">EUR\u00cdLOCO:<\/span> O\u00edd mis palabras, compa\u00f1eros, aunque padezc\u00e1is tantos infortunios. Todas las muertes son odiosas a los infelices mortales, pero ninguna es tan m\u00edsera como morir de hambre y cumplir de esta suerte el propio destino. Ea, tomemos las m\u00e1s excelentes de las vacas de Helios y ofrezcamos un sacrificio a los dioses que poseen el anchuroso cielo. Si consigui\u00e9semos volver a Itaca, la patria tierra, erigir\u00edamos un rico templo a Helios, hijo de Hiperi\u00f3n, poniendo en \u00e9l muchos y preciosos simulacros. Y si, irritado a causa de las vacas de erguidos cuernos, quisiera Helios perder nuestra nave y lo consienten los restantes dioses, prefiero morir de una vez, tragando el agua de las olas, a consumirme con lentitud, en una isla inhabitada.<\/p>\n<p>As\u00ed habl\u00f3 Eur\u00edloco y aplaudi\u00e9ronle los dem\u00e1s compa\u00f1eros. Seguidamente, habiendo echado mano a las m\u00e1s excelentes vacas de Helios, que estaban all\u00ed cerca \u2013pues las hermosas vacas de retorcidos cuernos y ancha frente pac\u00edan a poca distancia de la nave de azulada proa\u2013, se pusieron a su alrededor y oraron a los dioses, despu\u00e9s de arrancar tiernas hojas de una alta encina, porque ya no ten\u00edan blanca cebada en la nave de muchos bancos. Terminada la plegaria, degollaron y desollaron las reses; luego cortaron los muslos, los pringaron con gordura por uno y otro lado y los cubrieron de trozos de carne; y como carec\u00edan de vino que pudiesen verter en el fuego sacro, hicieron libaciones con agua mientras asaban los intestinos.<\/p>\n<p>Quemados los muslos, probaron las entra\u00f1as; y dividiendo lo restante en pedazos muy peque\u00f1os, lo espetaron en los asadores. Entonces huy\u00f3 de mis p\u00e1rpados el dulce sue\u00f1o y emprend\u00ed el regreso a la velera nave y a la orilla del mar. Al acercarme al corvo bajel, lleg\u00f3 hasta m\u00ed el suave olor de la grasa quemada y, dando un suspiro, clam\u00e9 de este modo a los inmortales dioses:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\"><span style=\"color: #800000;\">ODISEO<\/span>:<\/span> \u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Para mi da\u00f1o, sin duda, me adormecisteis con el cruel sue\u00f1o, y mientras tanto los compa\u00f1eros, qued\u00e1ndose aqu\u00ed, han consumado un gran delito.<\/p>\n<p>Lampetia, la del ancho peplo, fue como mensajera veloz a decirle a Helios, hijo de Hiperi\u00f3n, que hab\u00edamos dado muerte a sus vacas. Inmediatamente Helios, con el coraz\u00f3n airado, habl\u00f3 de esta guisa a los inmortales:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\">HELIOS:<\/span> \u00a1Padre Zeus, bienaventurados y sempiternos dioses! Castigad a los compa\u00f1eros de Odiseo Laert\u00edada, pues, ensoberbeci\u00e9ndose, han matado mis vacas; y yo me holgaba de verlas as\u00ed al subir al estrellado cielo, como al volver nuevamente del cielo a la tierra. Que si no se me diere la condigna compensaci\u00f3n por estas vacas, descender\u00e9 a la morada de Hades y alumbrar\u00e9 a los muertos.<\/p>\n<p>Y Zeus, que amontona las nubes, le respondi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p><span style=\"font-size: 16px;\">ZEUS: <\/span>\u00a1Oh Helios! Sigue alumbrando a los inmortales y a los mortales hombres que viven en la f\u00e9rtil tierra; pues yo despedir\u00e9 el ardiente rayo contra su velera nave, y la har\u00e9 pedazos en el vinoso ponto.<\/p>\n<p>Esto me lo refiri\u00f3 Calipso, la de hermosa cabellera, y afirmaba que se lo hab\u00eda o\u00eddo contar a Hermes, el mensajero. Luego que hube llegado a la nave y al mar, reprend\u00ed a mis compa\u00f1eros \u2013acerc\u00e1ndome ora a este, ora a aquel\u2013, mas no pudimos hallar remedio alguno, porque ya las vacas estaban muertas. Pronto los dioses les mostraron varios prodigios: los cueros serpeaban, las carnes asadas y las crudas mug\u00edan en los asadores, y dej\u00e1banse o\u00edr voces como de vacas.<\/p>\n<p>Por seis d\u00edas mis fieles compa\u00f1eros celebraron festines, para los cuales echaban mano a las mejores vacas de Helios, mas, as\u00ed que Zeus Croni\u00f3n nos trajo el s\u00e9ptimo d\u00eda,<span style=\"background-color: #ffff00;\"> ces\u00f3 la violencia del vendaval<\/span> que causaba la tempestad y nos embarcamos, lanzando la nave al vasto ponto despu\u00e9s de izar el m\u00e1stil y de descoger las blancas velas. Cuando hubimos dejado atr\u00e1s aquella isla y ya no se divisaba tierra alguna, sino tan solamente cielo y mar, Zeus coloc\u00f3 por cima de la c\u00f3ncava nave una parda nube debajo de la cual se obscureci\u00f3 el ponto. No anduvo la embarcaci\u00f3n largo rato, pues <span style=\"background-color: #ffff00;\">sopl\u00f3 enseguida el estridente C\u00e9firo y, desencaden\u00e1ndose, produjo gran tempestad<\/span>: un torbellino rompi\u00f3 los dos cables del m\u00e1stil, que se vino hacia atr\u00e1s, y todos los aparejos se juntaron en la sentina. El m\u00e1stil, al caer en la popa, hiri\u00f3 la cabeza del piloto aplast\u00e1ndole todos los huesos; cay\u00f3 el piloto desde el tablado, como salta un buzo, y su alma generosa se separ\u00f3 de los huesos. Zeus despidi\u00f3 un trueno y al propio tiempo arroj\u00f3 un rayo en nuestra nave; esta se estremeci\u00f3, al ser herida por el rayo de Zeus, llen\u00e1ndose del olor del azufre, y mis hombres cayeron en el agua. Llev\u00e1balos el oleaje alrededor del negro bajel como cornejas, y un dios les priv\u00f3 de la vuelta a la patria.<\/p>\n<p>Segu\u00ed andando por la nave, hasta que el \u00edmpetu del mar separ\u00f3 a los flancos de la quilla, la cual flot\u00f3 sola en el agua; y el m\u00e1stil se rompi\u00f3 en su uni\u00f3n con ella. Sobre el m\u00e1stil hall\u00e1base una soga hecha de cuero de buey; at\u00e9 con ella m\u00e1stil y quilla y, sent\u00e1ndome en ambos, <span style=\"background-color: #ff8c00;\">me dej\u00e9 llevar por los perniciosos vientos<\/span>.<\/p>\n<p>Pronto <span style=\"background-color: #ffff00;\">ces\u00f3 el soplo violento del C\u00e9firo<\/span>, que causaba la tempestad, <span style=\"background-color: #ffff00;\">y de repente sobrevino el Noto<\/span>, el cual me afligi\u00f3 el \u00e1nimo con llevarme de nuevo hacia la perniciosa Caribdis. Toda la noche anduve a merced de las olas, y al salir el sol llegue al escollo de Escila y a la horrenda Caribdis, que estaba sorbiendo la salobre agua del mar; pero yo me lanc\u00e9 al alto cabrahigo y me agarr\u00e9 como un murci\u00e9lago, sin que pudiera afirmar los pies en parte alguna ni tampoco encaramarme en el \u00e1rbol, porque estaban lejos las ra\u00edces y a gran altura los largos y gruesos ramos que daban sombra a Caribdis.<\/p>\n<p>Me mantuve, pues, reciamente asido, esperando que Caribdis devolviera el m\u00e1stil y la quilla; y estos aparecieron por fin, cumpli\u00e9ndose mi deseo. A la hora en que el juez se levanta en el \u00e1gora, despu\u00e9s de haber fallado muchas causas de j\u00f3venes litigantes, dej\u00e1ronse ver los maderos fuera ya de Caribdis. Solt\u00e9me de pies y manos y ca\u00ed con gran estr\u00e9pito en medio del agua, junto a los largu\u00edsimos maderos; y, sent\u00e1ndome encima, me puse a remar con los brazos. Y no permiti\u00f3 el padre de los hombres y de los dioses que Escila me viese, pues no me hubiera librado de una terrible muerte. Desde aquel lugar fui errante nueve d\u00edas y en la noche del d\u00e9cimo llev\u00e1ronme los dioses a la isla Ogigia, donde vive Calipso, la de lindas trenzas, deidad poderosa, dotada de voz; la cual me acogi\u00f3 amistosamente y tuvo gran cuenta conmigo. Mas, \u00bfa qu\u00e9 contar el resto? Os lo refer\u00ed ayer en esta casa a ti y a tu ilustre esposa, y me es enojoso repetir lo que queda explicado claramente.<\/td>\n<td style=\"width: 17px;\"><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 18px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 747px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 17px;\"><\/td>\n<\/tr>\n<tr>\n<td style=\"width: 18px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 747px;\"><\/td>\n<td style=\"width: 17px;\"><\/td>\n<\/tr>\n<\/tbody>\n<\/table>\n<\/div><div class=\"fusion-clearfix\"><\/div><\/div><\/div><\/div><\/div><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"","protected":false},"author":82,"featured_media":13022,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"jetpack_post_was_ever_published":false,"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_publicize_message":"","jetpack_publicize_feature_enabled":true,"jetpack_social_post_already_shared":true,"jetpack_social_options":{"image_generator_settings":{"template":"highway","default_image_id":0,"font":"","enabled":false},"version":2}},"categories":[85,79,93,1],"tags":[],"class_list":["post-13000","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-artes","category-cine","category-letras","category-sin-categorizar"],"jetpack_publicize_connections":[],"jetpack_featured_media_url":"https:\/\/www.edder.org\/upload\/2016\/06\/mangano.jpg","jetpack_shortlink":"https:\/\/wp.me\/p6kHv-3nG","jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack-related-posts":[{"id":42997,"url":"https:\/\/www.edder.org\/?p=42997","url_meta":{"origin":13000,"position":0},"title":"Futbolmarianismo y regionalcatolicismo de los siglos XX y XXI","author":"Eder","date":"mi\u00e9rcoles, 21 Ago, 2024","format":false,"excerpt":"","rel":"","context":"En \u00abPrehistoria contempor\u00e1nea\u00bb","block_context":{"text":"Prehistoria contempor\u00e1nea","link":"https:\/\/www.edder.org\/?cat=90"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/08\/athletic_begogna.png?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/08\/athletic_begogna.png?resize=350%2C200&ssl=1 1x, https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/08\/athletic_begogna.png?resize=525%2C300&ssl=1 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/08\/athletic_begogna.png?resize=700%2C400&ssl=1 2x, https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/08\/athletic_begogna.png?resize=1050%2C600&ssl=1 3x"},"classes":[]},{"id":43123,"url":"https:\/\/www.edder.org\/?p=43123","url_meta":{"origin":13000,"position":1},"title":"El amor (fou) en tiempos neum\u00e1ticos","author":"Eder","date":"lunes, 21 Oct, 2024","format":false,"excerpt":"","rel":"","context":"En \u00abCine\u00bb","block_context":{"text":"Cine","link":"https:\/\/www.edder.org\/?cat=79"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/10\/pneu.png?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/10\/pneu.png?resize=350%2C200&ssl=1 1x, https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/10\/pneu.png?resize=525%2C300&ssl=1 1.5x, https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2024\/10\/pneu.png?resize=700%2C400&ssl=1 2x"},"classes":[]},{"id":2956,"url":"https:\/\/www.edder.org\/?p=2956","url_meta":{"origin":13000,"position":2},"title":"Aurelio Arteta, \u00abTr\u00edptico de la Guerra\u00bb (1937-1938)","author":"Eder","date":"domingo, 3 Mar, 2013","format":false,"excerpt":"","rel":"","context":"En \u00abArtes\u00bb","block_context":{"text":"Artes","link":"https:\/\/www.edder.org\/?cat=85"},"img":{"alt_text":"","src":"https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2013\/03\/04_arteta_triptico.jpg?resize=350%2C200&ssl=1","width":350,"height":200,"srcset":"https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2013\/03\/04_arteta_triptico.jpg?resize=350%2C200&ssl=1 1x, https:\/\/i0.wp.com\/www.edder.org\/upload\/2013\/03\/04_arteta_triptico.jpg?resize=525%2C300&ssl=1 1.5x"},"classes":[]},{"id":41764,"url":"https:\/\/www.edder.org\/?p=41764","url_meta":{"origin":13000,"position":3},"title":"Dylan-Baez. 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