Con tiempo y buenos vientos…

 

—¿Cómo se dice «gracias» cuando se debe tanto a un amigo?
—No me debes nada, Jeremy. Ha sido un placer trabajar junto a gente tan grata.
—Hay un centenar de personas más allá de esas montañas; cien personas que nunca hubieran sobrevivido al invierno sin esta comida. Déjame darte las gracias en su nombre.
—No lo hagas, no lo hagas. Adam, ven a decir adiós a esta buena gente.
—Adiós.
—Adiós, Adam, y suerte dondequiera que vayáis.
—Sí, bien; pero, ¿adónde vamos?
—De vuelta a Portland y quizá sigamos adelante.
—Pero, por ejemplo, ¿hacia dónde?
—Bueno… nunca debimos haber dejado el Misisipí… quizá volvamos a él.
—Puede que os lleve un tiempo encontrarlo.
—Bueno, tenemos tiempo. Tenemos todo el tiempo del mundo, ¿no es verdad, capitán?
—Todo el tiempo del mundo, Adam. Volveremos a Natchez, Mobile, Nueva Orleans…